27/05/2026 - Edición Nº1205

Opinión


Rumbo al 2027

Un intendente gobernador: la verdadera disrupción

27/05/2026 | La primera gran disrupción a la que se enfrenta este escenario es si resulta posible pensar a un intendente haciendo campaña por otro intendente.



Lo habitual del gobierno libertario es mostrar anormalidad. Esa fue, en buena medida, la razón central por la que llegó al poder en diciembre de 2023, después de años de gobiernos en manos de políticos clásicos.

Por eso, en estas horas de agitación interna que se dieron y que todavía siguen sucediendo en lo más alto de la cúpula gubernamental, la búsqueda de dar señales de que no hay afectaciones profundas se transformó en un rasgo distintivo de Javier Milei entre el lunes 25 de mayo y las horas posteriores.

Algo similar sucede en la vereda de enfrente. La aceleración de los plazos de construcción política empieza a alumbrar situaciones que también contienen algo de disrupción.

¿Un ejemplo? El crecimiento de una idea que hasta hace no tanto parecía lejana: que esta vez un intendente bonaerense pueda ser, efectivamente, quien reemplace a Axel Kicillof en 2027. Pero hay más casos.

La política, su administración y sus resultados no pueden escindirse de la economía. Los dos grandes mandatos por los que fue elegido el Presidente se apoyaron en la necesidad de bajar la inflación, por un lado, y en la promesa de terminar con la “casta” política, por el otro. Una cosa está atada a la otra.

Si en Argentina la inflación, como asegura el propio Presidente, es un fenómeno monetario, eso estaría explicado porque durante años la clase política se encargó de gastar más para sostener sus privilegios y sus negocios.

Ambos tópicos empiezan a quedar bajo revisión si la eficacia de Milei era la que se presuponía, al menos hasta el año pasado, cuando el gobierno de Estados Unidos extendió un cheque de 20 mil millones de dólares y evitó la debacle.

En el plano económico, hay claros y oscuros. Por un lado, se observa un leve crecimiento de la actividad cuando se computa el total del país. Por el otro, los datos todavía muestran fuertes caídas en el consumo de supermercados, grandes superficies comerciales y autoservicios mayoristas.

La diferencia entre lo que sucede en los centros urbanos y lo que ocurre en sectores como la energía, el campo y la minería resulta muy elocuente. Y eso también impacta en la política que ya comenzó a tejerse pensando en 2027.

Construir el 40 por ciento

Se viene observando el intento de construir un espacio capaz de capturar a ese 40 por ciento del electorado que, al menos por ahora, se muestra distante de la eterna polarización que describe el tablero político argentino. La pregunta es cómo se están instrumentando esas acciones.

Se multiplican las reuniones con el objetivo de consensuar miradas que, en otros tiempos, parecían disímiles, pero que ahora empiezan a encontrar puntos de contacto para lo que viene.

La Iglesia

Dentro de ese conglomerado comenzó a tejerse una acción que tiene a la Iglesia Católica en el centro de la escena. Y va más allá de la homilía del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, ante la mirada del presidente Javier Milei, con un fuerte contenido social.

Sectores sindicales, políticos y organizaciones intermedias tienen el convencimiento de que es necesario convocar a una amplia mesa que sea coordinada por la Iglesia, que ya ocupó ese rol durante la crisis de 2001. No hay que olvidar que algunos actores del Gran Buenos Aires ya empezaron a comparar este momento con aquel, como consecuencia de la caída del empleo y de los ingresos en los sectores medios y más vulnerables.

A eso se le suma otro dato político de peso: es muy posible que antes de que termine 2026 el Papa León XIV visite la Argentina, como parte de una gira que incluiría Uruguay y Perú.

La semana pasada hubo indicios muy claros de que la información iba en ese sentido, cuando el canciller Pablo Quirno se reunió con el presidente Javier Milei y luego publicó un mensaje en el que alentó la incógnita sobre una posible visita en la próxima primavera. Todos los caminos conducen a Roma.

La carrera por la gobernación no se detiene

La carrera por la gobernación bonaerense no se detiene. Es en el Gran Buenos Aires donde se concentra el diagnóstico más claro sobre las dos caras de la administración libertaria. Los datos son elocuentes: las oficinas municipales de acción social multiplican los pedidos de asistencia y la población en situación de calle se ha incrementado.

Al margen de las estadísticas, la simple vista permite tener un panorama de cómo se vive en las noches de las ciudades del Conurbano.

Los intendentes siempre fueron protagonistas centrales de la acción política nacional o provincial cuando las crisis se materializan. Otra vez, el ejemplo del 2001. Los jefes territoriales fueron quienes tuvieron que salir a parar los saqueos, aunque la historia contada desde la Ciudad de Buenos Aires haya escrito que ocurrió al revés. Hoy estamos en otro tiempo. El avance tecnológico hizo lo suyo y la generación Z ya no compra relatos construidos de arriba hacia abajo. Empatiza con aquellos a los que se siente cercano.

Si hasta la revolución cubana entró en tensiones producto de la posibilidad que tienen los jóvenes de comparar, mucho más puede suceder en una provincia donde el contacto territorial sigue siendo una herramienta política decisiva.

La vieja pregunta bonaerense

No es la primera vez, en la historia de la democracia posterior a 1983, que se especula con la posibilidad de que sea un intendente el próximo gobernador bonaerense. Pero esta vez, a diferencia de aquellas ocasiones, la cosa parece ir más en serio.

La primera gran disrupción a la que se enfrenta este escenario es si resulta posible pensar a un intendente haciendo campaña por otro intendente. Eso sí que sería una verdadera anomalía.

Alguna vez, un conocedor como pocos de la política municipal sostuvo que la primera dificultad de un jefe territorial para proyectarse era poder saltar el alto muro que él mismo se había encargado de construir en su terruño.

Es más: toda acción que buscara proyectar un nombre más allá de aquellas fronteras solía ser leída como el paso necesario para que no se le pusiera discusión a su continuidad local.

El poder de los intendentes

La historia del aparato basado en los jefes comunales tiene momentos muy definidos. El constructor de un esquema apoyado en ese poder fue Eduardo Duhalde, cuando alentó la creación de ligas para conducir las distintas expresiones del peronismo bonaerense: La Federal y la LIPEBO. La primera era conducida por Alberto Pierri y la segunda por Osvaldo Mercuri. Detrás de ellos se agrupaban los intendentes del Gran Buenos Aires.

Pero hasta ese momento ninguno se atrevía a pensar en dar el gran salto. Estaban para empujar las posibles candidaturas de Pierri o de Mercuri. En 1999, Duhalde optó por Carlos Ruckauf para zanjar esas diferencias.

El 2001 primero, y luego el 2003, les dieron a los jefes comunales otro protagonismo en la esfera provincial y nacional. La decisión de Eduardo Duhalde de apoyar a Néstor Kirchner en 2003 hizo que el aparato del Gran Buenos Aires le diera al santacruceño el pase a la segunda vuelta que nunca se realizó. Y comenzó otra etapa.

Néstor Kirchner no cambió la matriz: se apoderó del esquema para su propio interés y lo atomizó dándole poder a las organizaciones sociales. Fue recién en 2013 cuando Sergio Massa y un grupo de intendentes le dieron otra visibilidad y construyeron el Frente Renovador de abajo hacia arriba. El plan fue exitoso en una primera etapa, pero luego perdió fuerza.

La gobernación, mientras tanto, siguió en manos de dirigentes capitalinos: primero María Eugenia Vidal y luego Axel Kicillof.

¿Es ahora el momento?

Son varios los observadores que entienden que sí. Y la carrera ya está lanzada.

Se alistan claramente más de una docena de posibles candidatos. Desde Julio Alak a Leonardo Nardini, como así también Gustavo Menéndez, Jorge Ferraresi, Mayra Mendoza, Gabriel Katopodis, Federico Otermín y Federico Achaval. Claro que el fantasma de repetir la historia siempre sobrevuela.

¿No será que todo esto es, en realidad, para recuperar la ley de reelecciones indefinidas? No podría descartarse esa opción. Sería un objetivo poco ambicioso, pero la política tiene esas particularidades. En cualquiera de los casos, las armas ya se están velando. Quizá esta vez la historia nos sorprenda.