27/05/2026 - Edición Nº1205

Sociedad


Fotografía urbana

Una forma nueva de recorrer CABA: el método de Pablo Fernández para captar lo que vale

27/05/2026 | En su paso por El Living de NewsDigitales, el fotógrafo y comunicador habló sobre su pasión por registrar las fachadas, zaguanes y esquinas porteñas que la voracidad inmobiliaria amenaza con borrar.



Hay ciudades que se caminan con prisa y otras que exigen mirar hacia arriba. Buenos Aires, con su caprichosa mezcla de academicismo francés, art déco y racionalismo gris, pertenece decididamente al segundo grupo. Sin embargo, el ritmo frenético de la rutina urbana suele vendar los ojos de los transeúntes. Para romper esa inercia está Pablo Fernández, un cazador de instantes y de ladrillos que convirtió la fotografía de casas y rincones de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en una militancia estética contra el olvido.  

Durante su visita en El Living de NewsDigitales, Fernández conversó sobre esa pasión que lo lleva a recorrer las comunas porteñas con el celular en la mano, buscando fachadas desgastadas, zaguanes con aroma a otra época y ochavas que guardan el secreto de un barrio que ya no es. Su trabajo no es el registro frío de un tasador, sino la mirada de quien entiende que la arquitectura es, en el fondo, la piel que habitamos.  

Como tantas otras cosas que hoy nos definen, este proyecto nació en el encierro de la pandemia. "Tenía una cuenta de Instagram como cualquiera, donde publicaba cualquier cosa", recordó Pablo durante la entrevista. En esos baches de descanso del home office, el barrio de Almagro se convirtió en su primer laboratorio. Lo que empezó como una caminata para estirar las piernas mutó rápidamente en un vicio: registrar esos frentes que le llamaban la atención.  

El trayecto hacia la casa de su entonces novia (hoy su esposa) en Balvanera duplicó el material y consolidó el método. "Al principio ella me acompañaba a regañadientes, a caminar y parar para tomar fotos", confesó entre risas. Con el tiempo, esa bitácora digital sumó un detalle innegociable: la dirección exacta de cada propiedad. Una decisión que, lejos de traerle problemas, generó una comunidad impensada.  Vecinos que se reconocen en las imágenes, dueños que le abren las puertas de sus edificios para mostrarle los interiores y, en raras ocasiones, algún pedido de cautela por seguridad que Pablo, con el respeto que lo caracteriza, acata sin vueltas. 

Si algo define la mirada de Fernández es su rechazo a la Buenos Aires de catálogo turístico. Le escapa al Obelisco y a los palacios de la Avenida Alvear; prefiere perderse en la casita chorizo perdida en una cortada de Parque Patricios o rastrear la herencia criolla en un balcón forjado de San Cristóbal. En ese camino de hormiga, reconoce el faro de pioneros de la catalogación urbana como Alejandro Machado (creador de @cronistadeetuciudad) y la arquitecta Natalia Karbabian, impulsora del proyecto @Ilustroparanoolvidar y prologuista de su libro. "Natalia tiene una mirada patrimonialista y de cuidado de la que me empecé a contagiar", explicó Pablo. 

La charla decantó, casi por peso propio, en una pregunta incómoda pero necesaria: ¿En qué ciudad queremos vivir? Para Fernández, la respuesta no pasa por armar una "ciudad museo" congelada en el tiempo, sino por exigir planificación. Un equilibrio en el que el desarrollo privado no arrase con el bien público y donde se evalúe el valor histórico o humano de una pared antes de meter la piqueta. "Nos falta planificación a mediano y largo plazo. Vas a Europa y se te cae la mandíbula con cómo cuidan el patrimonio; pasan las administraciones y hay cosas que no se discuten", señaló.

El libro de Pablo, "Buenos Aires Revelada", es en gran medida un documento de urgencia. Entre la primera edición y la preparación de la segunda, el ritmo de las demoliciones le dio un cachetazo implacable: en menos de tres meses, dos de las propiedades que había retratado ya eran escombro y otras dos tenían el cartel de obra colgado. Desapareció el "castillito" de la calle Darwin a la altura de Córdoba; se fue la coqueta exembajada de Coronel Díaz y Santa Fe, y el mismo destino le espera a una histórica casa de Crisólogo Larralde, en Núñez, tras el fallecimiento de Adelia, una querida profesora del barrio de la que Pablo se enteró gracias a los comentarios de sus seguidores. Es ahí donde el hobby se convierte en un fenómeno sociológico que a Pablo, como licenciado en Comunicación, lo fascina. "La voracidad inmobiliaria es rápida, pero la memoria de una foto es para siempre. Capturar una casa hoy es salvarla del olvido de mañana".

La foto funciona como un resorte de la memoria colectiva. "Mi Instagram nació como mi álbum de figuritas, pero lo que pasa con la gente es mucho más groso", admitió. "Un posteo despierta la nostalgia de la infancia, la pertenencia y una sutil militancia barrial, como la de los vecinos de Belgrano R que defienden su "R" a capa y espada, o quienes miran con recelo la mutación de Colegiales", completó. .  

Desde la mítica esquina de Sánchez de Loria e Hipólito Yrigoyen -donde retrató aquel castillo medieval del Ejército de Salvación que fue su bautismo de fuego- hasta las joyitas ocultas de Villa Lugano o Monte Castro, Fernández sigue buscando. Lo hace esquivando las garitas de seguridad de Barrio Parque con la discreción que le da el celular, su herramienta exclusiva. Sin ínfulas de experto en estilos arquitectónicos pero con el rigor de quien sabe citar sus fuentes, Pablo Fernández propone un ejercicio simple pero revolucionario: desacelerar el paso, levantar la vista y volver a mirar la ciudad antes de que sea tarde.