El 29 de mayo de 2006, hace exactamente veinte años, el entonces presidente Néstor Kirchner protagonizaba uno de los discursos más duros y simbólicos de su relación con las Fuerzas Armadas.
Fue en el acto por el Día del Ejército realizado en el Colegio Militar de El Palomar, en un contexto de fuerte tensión política y militar por la reapertura de los juicios de lesa humanidad y por el avance de la política de derechos humanos impulsada por el kirchnerismo.
Aquella jornada quedó marcada por una frase que atravesó toda la escena política de la época: “Como presidente de la Nación Argentina no tengo miedo ni les tengo miedo”.
La definición no fue casual. Llegó apenas días después de un acto realizado en Plaza San Martín por militares retirados y algunos efectivos en actividad que reivindicaron la lucha contra la guerrilla de los años setenta y cuestionaron las políticas oficiales sobre memoria, verdad y justicia.
El discurso de Kirchner se transformó rápidamente en uno de los hitos políticos de su presidencia y consolidó la línea de confrontación abierta con los sectores militares vinculados a la última dictadura.
El aniversario número 196 del Ejército se desarrollaba en un contexto especialmente delicado.
Cinco días antes, el 24 de mayo de 2006, un grupo de militares retirados y algunos uniformados en actividad habían realizado un acto en Plaza San Martín impulsado por Cecilia Pando, esposa del militar retirado Rafael Mercado.
Durante ese encuentro hubo discursos reivindicatorios de la represión ilegal y fuertes críticas al gobierno nacional.
Según denunció posteriormente el oficialismo, también se registraron amenazas contra el Presidente y agresiones a periodistas presentes en la cobertura.
Kirchner llegó al acto de El Palomar decidido a responder públicamente: “Se ha incurrido en conductas, acciones y palabras a las que no sería temerario calificar de rayanas con la apología del delito al reivindicar el terrorismo de Estado”.
La frase más recordada de aquella jornada llegó sobre el final de la ceremonia. “Quiero que quede claro que como presidente de la Nación Argentina no tengo miedo ni les tengo miedo”, afirmó Kirchner ante la cúpula militar, funcionarios nacionales y oficiales presentes.
Y enseguida profundizó el mensaje político: “Queremos el Ejército de San Martín, Belgrano, Mosconi y Savio, y no de aquellos que asesinaron a sus propios hermanos, que fue el de Videla, Galtieri, Viola y Bignone”.
La definición sintetizaba la estrategia que el kirchnerismo venía desarrollando desde 2003: separar institucionalmente a las Fuerzas Armadas democráticas del legado de la dictadura militar.
El gobierno buscaba avanzar simultáneamente en dos objetivos: fortalecer la subordinación militar al poder civil y consolidar el proceso de juzgamiento por delitos de lesa humanidad.
Para 2006, Kirchner ya había impulsado decisiones de alto impacto simbólico y político en materia de derechos humanos.
Entre ellas, la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, el respaldo a la reapertura de los juicios y la histórica orden de descolgar los cuadros de Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone del Colegio Militar en 2004.
El discurso de El Palomar se inscribía en esa misma lógica. “El Gobierno que encabezo ha definido de manera meridiana la orientación de la defensa en el marco constitucional de la vigencia de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario”, sostuvo aquel día.
También anunció un proceso de “revisión, reconversión y modernización integral del sistema de defensa nacional”. La idea era profundizar el control civil sobre las Fuerzas Armadas y avanzar en una reorganización estructural del área.
La tensión de la jornada quedó reflejada además en un episodio que tuvo enorme repercusión mediática.
Mientras Kirchner criticaba el acto militar de Plaza San Martín, Cecilia Pando interrumpió el discurso a los gritos desde uno de los sectores del predio. “Eso no es así”, alcanzó a gritar antes de ser retirada por la seguridad del Colegio Militar.
Pando ya se había convertido en una figura conocida por sus intervenciones públicas en defensa de militares condenados o investigados por delitos de lesa humanidad.
Su esposo, Rafael Mercado, había sido sancionado y pasado a retiro tras respaldar públicamente posiciones reivindicatorias de la dictadura.
Horas después del incidente, la ministra de Defensa, Nilda Garré, anunció la apertura de un sumario interno para determinar responsabilidades por lo ocurrido durante el acto.
La jornada también incluyó otra protesta que reflejaba el clima político alrededor de las Fuerzas Armadas.
Un grupo de madres de estudiantes de liceos militares irrumpió en el acto para rechazar la posibilidad de cierre de esos institutos educativos.
Las mujeres cuestionaron al Gobierno y llegaron a gritarle “hipócrita” a Kirchner mientras hablaba desde el palco principal. Finalmente fueron retiradas del predio por la seguridad.
La ministra de Defensa, Nilda Garré, era una de las principales impulsoras de la transformación del sistema de defensa durante el kirchnerismo.
Ese mismo día inauguró un curso internacional de derechos humanos destinado a integrantes de las Fuerzas Armadas.
“No hay posibilidad de desarrollar agendas institucionales compatibles con un Estado democrático de derecho si se ignora o relega la perspectiva de los derechos humanos”, afirmaba Garré.