28/05/2026 - Edición Nº1206

Entretenimiento

Imagem Films - Reseña

¿Vale la pena ver Backrooms? Así es la película de terror de la que todos hablan

28/05/2026 | Dirigida por el youtuber Kane Parsons, se centra en uno de los creepypastas más populares de internet.



El cine de terror contemporáneo pocas veces registró una campaña de expectativa tan intensa y ruidosa en las plataformas digitales como la que precedió al estreno de Backrooms. Las razones detrás de este fenómeno son evidentes y comprensibles: el núcleo de la historia proviene de uno de los mitos virales más perturbadores y expandidos de internet, y su traslación a la pantalla grande fue encomendada a un realizador surgido del universo de YouTube

Para comprender el origen de la propuesta, es necesario remontarse al concepto del creepypasta original, esos mitos urbanos nacidos en foros de internet que describen una dimensión alternativa compuesta por un laberinto infinito de oficinas alfombradas y vacías de las que resulta imposible escapar. De todas las variantes y recreaciones que circularon en la red, la visión que logró capturar la atención del prestigioso estudio independiente A24 fue la diseñada por el joven Kane Parsons. Con apenas 19 años, el creador digital fue seleccionado para comandar esta adaptación cinematográfica, un experimento que, si bien resulta destacable por su frescura, termina evidenciando la inexperiencia y juventud de su director en el formato de largometraje.

A pesar de los baches en el resultado global, la producción ostenta virtudes técnicas muy destacables, comenzando por un notable diseño artísticos y de producción. La película logra dar una forma física y asfixiante a estas oficinas interminables que, en esta versión, se ocultan bajo el subsuelo de una tienda de muebles. Asimismo, el guion acierta al plantear una atmósfera de terror existencialista donde los mecanismos de la memoria humana juegan un rol fundamental en la construcción y deformación de esos espacios aterradores.

En el aspecto puramente formal, la dirección recurre a la técnica del found footage, abriendo el relato con una secuencia inicial que emula de forma brillante la estética de los videos caseros y las filmaciones analógicas de décadas pasadas. Sin embargo, esta elección estética se diluye a medida que avanza el metraje, dejando la sensación de que se desaprovechó un recurso que habría resultado mejor para la película. La película termina sufriendo un bache en su estructura narrativa, provocando que el ritmo decaiga notablemente y que la experiencia se perciba innecesariamente estirada.


Kane Parsons.

El desenlace de la historia termina dejando un sabor de boca ambiguo, tibio y falto de contundencia para las expectativas que se habían depositado en ella. En el terreno del suspenso conceptual y arquitectónico, otras propuestas recientes como la película Vivarium resolvieron con mucha mayor solidez y lucidez los dilemas de los espacios infinitos y la desesperación del encierro.

En conclusión, el debut cinematográfico de Kane Parsons se presenta como una propuesta que brilla por su originalidad conceptual y por el valioso precedente de abrirle las puertas de los grandes estudios a los nuevos creadores de internet, pero que carece de la madurez cinematográfica necesaria para sostenerse con firmeza. Backrooms funciona como un ejercicio visual sumamente interesante para los amantes de las estéticas de la red y los mitos modernos, aunque en su traspaso al lenguaje tradicional del cine comercial termine demostrando que a su prometedora premisa todavía le faltó un necesario golpe de horno.