28/05/2026 - Edición Nº1206

Cultura


Música y resistencia

La mirada de Goy Ogalde sobre la música: cómo una canción puede guardar la historia

28/05/2026 | Goy Ogalde habló sobre Karamelo Santo, las giras por Europa, Manu Chao y el rol de la música como memoria y resistencia.



En tiempos donde la inmediatez parece devorarlo todo, Goy Ogalde sigue creyendo en las canciones como refugio, documento y resistencia. El histórico líder de Karamelo Santo visitó El Living de NewsDigitales y dejó una charla tan intensa como impredecible: habló de sus raíces judías y cuyanas, de la vida comunitaria en La Boca, de las giras por la Europa post Muro de Berlín y de su obsesión actual por ayudar a bandas nuevas a grabar y difundir su música.

Lejos de cualquier pose nostálgica, Ogalde se muestra activo, inquieto y profundamente conectado con el presente. Entre mezclas, producciones y proyectos nuevos, atraviesa una etapa marcada por cierta introspección espiritual, aunque sin abandonar el espíritu punk que lo acompañó desde siempre.

“Uno empieza a entender que el tiempo vale más”

“Ya pasando los 50, entre los 60, empiezan a aparecer sueños, epifanías, cosas raras”, reflexiona. “Uno empieza a desesperarse un poquito por trabajar más, por hacer más cosas, porque entendés que el tiempo vale”.

Actualmente, además de seguir tocando con Caramelo Santo, está dedicado a producir artistas emergentes desde su sello y estudio. Allí recibe músicos de distintos puntos del país y también de otros países latinoamericanos. “Cada canción pequeña que nace en una ducha o en una siesta tiene algo importante para decir”, sostiene.

Su mirada sobre la música está atravesada por una mezcla singular entre sensibilidad artística y obsesión técnica. Estudió ingeniería electrónica, trombón y piano, y fue pionero en la grabación digital independiente cuando todavía casi nadie entendía cómo funcionaba.

La casa de La Boca y la cultura comunitaria

A comienzos de los 2000, Karamelo Santo convirtió una casa de La Boca en una especie de comuna artística. Allí convivían músicos, malabaristas, cineastas y bandas emergentes que buscaban grabar o simplemente tener un lugar donde parar.

“Era una casa abierta, sin llave prácticamente”, recuerda. “Después terminó transformándose en estudio de grabación y empezaron a caer bandas como Nonpalidece, Resistencia Suburbana y un montón más”.

Con equipos mínimos y computadoras improvisadas, grababan discos que luego circularían por toda la escena alternativa argentina. “Todo lo que ganábamos iba al estudio”, cuenta.

Manu Chao, Europa y la explosión internacional

La historia internacional de Caramelo Santo tuvo un punto de inflexión gracias a Manu Chao. El músico franco-español frecuentaba la casa de La Boca, compartía jornadas enteras con la banda y terminó produciendo parte del disco Los Guachos.

“Caía a las ocho de la mañana a tocar el timbre”, recuerda entre risas. “Yo pensaba que el rock era otra cosa, pero él era un tipo profundamente enamorado de la gente”.

A partir de ahí, comenzó una cadena inesperada: una invitación a tocar en Toulouse derivó en una gira interminable por Alemania, Polonia, Hungría, Croacia, Rumania y buena parte de Europa del Este.

“Nos decían que nos quedáramos dos meses y terminamos tocando todos los días”, relata. “En algunos lugares parecía Chernobyl. Ciudades enteras vacías después de la caída del Muro”.

La banda se movía entre festivales, centros culturales y ocupas, compartiendo escena con grupos como Panteón Rococó, La Vela Puerca y Desorden Público, mientras el fenómeno mestizo latino explotaba en Europa de la mano de Manu Chao y el Buena Vista Social Club.

“No voy a dejar al bajista y al baterista acá”

Con humor y cierta ironía, Ogalde también recordó cómo el auge del formato “sound system” empezó a desplazar a las bandas completas.

“Nos decían: ‘Vengan solo los cantantes con pista’. Y yo decía: ‘No, al bajista y al baterista no los voy a dejar acá’”.

Para él, el rock sigue teniendo una dimensión humana imposible de reemplazar. “Los músicos nos pasamos la vida con el instrumento. Eso no se puede reemplazar por un TikTok”.

Los pueblos originarios y “la memoria de la humanidad”

Uno de los momentos más profundos de la charla apareció cuando habló de su trabajo con bandas mapuches y artistas originarios.

Desde hace años produce proyectos musicales en mapuzungún, aimara y otras lenguas ancestrales. Entre ellos aparece Puel Kona, grupo que incluso fue convocado por Roger Waters tras escuchar uno de sus discos en Spotify.

“Los pueblos originarios son el cabalá de Latinoamérica”, afirma. “Ellos escriben y guardan la experiencia humana. Nosotros nos olvidamos de todo”.

Para Ogalde, las canciones cumplen justamente esa función: transmitir memoria colectiva. “Los músicos tenemos que ser eso. Decirle a la gente lo que pasó. Que hubo desaparecidos, injusticias, dolores. Eso nos enseñaron Charly García, Atahualpa Yupanqui, Pil Trafa o Luca Prodan”.

El peso de la historia familiar

Durante la entrevista también habló de su ascendencia judía y de la historia de su familia en Besarabia, región atravesada por guerras, persecuciones y desplazamientos.

Su abuelo logró escapar del avance nazi hacia Sudamérica, mientras gran parte de su familia murió en campos de exterminio. “Mi abuelo me decía que el problema empieza cuando el Estado decide quién es enemigo”, reflexiona. “Por eso siempre voy a desconfiar de los pensamientos únicos”.

Lejos de cualquier dogmatismo, Ogalde reivindica la duda como motor filosófico y humano. “Yo puedo escuchar cualquier idea, pero voy a dudar siempre”.

Antonio Tormo, inteligencia artificial y rescates musicales

Otro de los momentos emotivos fue el recuerdo de Antonio Tormo, figura histórica de la música cuyana, quien llegó a grabar junto a ellos en la casa de La Boca poco antes de morir. Ahora, gracias a nuevas herramientas de inteligencia artificial, Ogalde trabaja en restaurar esas grabaciones antiguas para aislar y recuperar la voz original del cantante.

“Quiero rescatar esas voces antes de que se pierdan”, explica. “También me gustaría hacerlo con otros artistas cuyanos enormes”.

“No se terminó nada”

Ya sobre el cierre, volvió a su gran obsesión actual: impulsar a las nuevas generaciones.

“Cuando veo un pibe de 11 años con una guitarra colgada siento que no se terminó nada”, dice. “La industria puede hacer lo que quiera, pero mientras haya alguien aprendiendo un Re mayor solo en un cumpleaños, el rock sigue vivo”.

Con la misma intensidad con la que alguna vez recorrió Europa en combis destartaladas y grabó discos en computadoras prestadas, Goy Ogalde sigue apostando a lo mismo: las canciones como territorio de encuentro, memoria y libertad.