29/05/2026 - Edición Nº1207

Internacionales

Comercio asiático

Paraguay abre la puerta: Japón mira al Mercosur y Argentina calcula el costo

29/05/2026 | Tokio busca minerales, alimentos y menor dependencia de China; el Mercosur negocia aranceles, inversión y poder exportador.



Paraguay volvió a aparecer en el mapa regional por una negociación que excede largamente a Asunción. Japón inició conversaciones exploratorias con el Mercosur para avanzar hacia un eventual acuerdo económico, con foco en comercio, cadenas de suministro, autos, energía y minerales críticos. El dato importa porque Paraguay ejerce un rol institucional dentro del bloque y porque los contactos preliminares ya lo ubicaron como una de las puertas de entrada para el diálogo. Para la Argentina, la noticia no es solo diplomática: es una discusión sobre aranceles, exportaciones, litio, agroindustria y competencia por inversión asiática.

Tokio no mira a Sudamérica únicamente como mercado. Japón busca diversificar proveedores de petróleo y minerales críticos, reducir dependencia de China en tierras raras y mejorar condiciones para sus empresas industriales, especialmente automotrices. En ese tablero, el Mercosur puede ofrecer alimentos, energía, litio, cobre, carne, granos y escala comercial. Pero la pregunta argentina es menos cómoda: si se abre una negociación con Japón, el país debe definir qué gana antes de discutir qué resigna. La apertura puede traer capital y compradores; también puede exponer sectores industriales si baja aranceles sin una estrategia exportadora clara.

Paraguay 


Japón mira al Mercosur desde Paraguay; Argentina calcula aranceles, litio y exporta más.

El antecedente chileno

Chile ofrece el espejo más útil para leer el movimiento japonés. El país firmó con Japón un Acuerdo de Asociación Económica Estratégica que ordenó reglas sobre bienes, servicios, inversión, compras públicas, propiedad intelectual y ambiente de negocios. No fue un pacto aislado: Japón ya veía en Chile un proveedor relevante de minerales, en especial cobre, y un socio estable para asegurar insumos de largo plazo. Esa lógica se repite ahora con el Mercosur, pero con una escala más grande y con una disputa interna más compleja entre productores agrícolas, automotrices, industriales y energéticos.

La comparación muestra una regla simple: Japón usa acuerdos comerciales para reducir riesgos de abastecimiento y ampliar presencia industrial. Chile lo hizo con cobre y reglas de inversión; el Mercosur podría hacerlo con alimentos, energía, litio y mercado automotor. El problema es que el bloque no tiene un único interés. Brasil mira autos e industria; Paraguay busca consolidarse como plataforma logística y energética; Uruguay suele empujar apertura; Argentina necesita exportar más, atraer capital y proteger sectores sensibles. Un acuerdo mal negociado puede abaratar importaciones, pero también dejar al contribuyente pagando incentivos sin capturar inversión real.


Paraguay abre una puerta asiática; Mercosur negocia y Argentina mide costo fiscal.

La cuenta argentina

El ángulo argentino está en los recursos críticos como moneda geopolítica. Japón necesita proveedores confiables para su industria y para una transición tecnológica que depende de minerales, baterías, energía y transporte. Argentina tiene litio, cobre en desarrollo, agroindustria competitiva y necesidad urgente de divisas. Esa combinación debería darle poder de negociación, no solo urgencia por firmar. El país puede presentarse como socio estratégico si transforma recursos en contratos, infraestructura, empleo y valor agregado. Si no lo hace, corre el riesgo de quedar como un mercado abierto y no como un proveedor relevante.

Paraguay, en este cuadro, funciona como señal política. No concentra el peso económico de Brasil ni el potencial minero argentino, pero puede ordenar la agenda institucional del Mercosur y mostrar que el bloque sigue siendo una vía de negociación externa. Para la Argentina, el resultado dependerá de una pregunta fiscal y productiva: qué aranceles se reducen, qué inversiones llegan, qué sectores exportan más y qué costo asume el Estado en beneficios, infraestructura o pérdida de recaudación. La oportunidad existe, pero solo se vuelve ganancia si la apertura viene atada a inversión, exportaciones y reglas que no castiguen al productor local.


Santiago Peña junto al exmandatario japonés. 

La apuesta es mayor que un acuerdo con Japón. En un mundo donde China, Estados Unidos, Europa y Asia compiten por minerales críticos, el Mercosur tiene activos que dejaron de ser periféricos. Paraguay puede ser la puerta diplomática, Brasil el mercado industrial y Argentina la reserva de litio y alimentos que Japón necesita mirar. Pero ninguna ventaja natural garantiza resultado. La región ya conoce acuerdos que prometen modernización y terminan discutiendo cupos, aranceles y costos fiscales. La clave argentina será entrar a la mesa con una cuenta precisa: cuánto se abre, cuánto se exporta, cuánto se invierte y quién paga la transición.

Para el lector argentino, la noticia importa porque muestra una disputa que no siempre se ve desde Buenos Aires. Mientras la agenda local se concentra en inflación, dólar y déficit, los países vecinos negocian cómo insertarse en cadenas globales de energía, tecnología y alimentos. Si Argentina usa el Mercosur para vender más litio, granos, carne, conocimiento e insumos industriales, la negociación con Japón puede ser una ventana. Si llega sin estrategia, puede convertirse en otra apertura donde los beneficios quedan afuera y los costos quedan adentro. En comercio exterior, el titular no es firmar: el resultado se mide en divisas, inversión y empleo.