30/05/2026 - Edición Nº1208

Internacionales

Presión rusa

Putin aprieta a Armenia antes de las urnas

30/05/2026 | Moscú endurece la presión económica y política sobre Ereván mientras Pashinyan busca consolidar el giro occidental.



Rusia ya no observa la elección armenia desde lejos. A pocos días de los comicios parlamentarios del 7 de junio, Moscú aumentó la presión sobre el gobierno de Nikol Pashinyan, que busca renovar poder con una agenda cada vez más alejada del viejo paraguas ruso.

El mensaje del Kremlin es claro: si Armenia profundiza su acercamiento a Europa y Estados Unidos, pagará costos. La advertencia llega en un momento crítico, cuando Pashinyan intenta vender su giro occidental como una salida al aislamiento y no como una ruptura suicida con su principal proveedor histórico de seguridad y energía.

La tensión se aceleró después de la caída de Karabaj en 2023, cuando muchos armenios concluyeron que Rusia no protegió a su aliado en el momento más delicado. Desde entonces, Ereván suspendió su participación en la alianza de seguridad dominada por Moscú y buscó nuevos socios en Occidente.

Gas, alimentos y miedo

La presión rusa tiene una dimensión material. Moscú advirtió que podría suspender o terminar suministros preferenciales de gas, petróleo y diamantes si Armenia avanza con su apuesta europea. El dato es central: Armenia importó de Rusia el 82% de su gas en 2025.

No se trata solo de diplomacia. También hubo restricciones a productos armenios, entre ellos frutas, verduras, flores, brandy y agua mineral. Es una forma de recordarle a Ereván que la independencia estratégica puede tener precio en góndolas, empleos, exportaciones y tarifas.

La Unión Económica Euroasiática, liderada por Rusia, también advirtió que Armenia podría enfrentar una suspensión por su acercamiento a la Unión Europea. El aviso llegó apenas días antes de la elección y con Vladimir Putin insistiendo en que Armenia no puede jugar al mismo tiempo en los dos tableros.

La guerra invisible

La presión no es únicamente económica. Según funcionarios occidentales y documentos, Rusia habría intensificado operaciones encubiertas para debilitar a Pashinyan antes de la elección, con campañas de desinformación, sitios falsos y un presunto plan para trasladar votantes armenios desde Rusia. Moscú negó esas acusaciones.

Ese punto vuelve la elección más sensible. Armenia no solo vota entre partidos. Vota bajo la sospecha de que su viejo aliado intenta condicionar el resultado para impedir que el país cierre su realineamiento hacia Occidente.

Pashinyan, mientras tanto, intenta caminar por una cornisa. Dice que Armenia puede mantener por ahora su pertenencia a la Unión Económica Euroasiática y avanzar al mismo tiempo en reformas con estándares europeos. Pero Moscú le marca que esa ambigüedad tiene límites.

Lo que realmente teme Moscú

Rusia no teme solamente perder un gobierno amigo. Teme perder una pieza estratégica del Cáucaso Sur. Armenia fue durante décadas una base de influencia rusa entre Turquía, Irán, Azerbaiyán y Georgia. Si Ereván se mueve hacia Occidente, el mapa regional cambia.

La paradoja es que el Kremlin parece estar acelerando aquello que quería evitar. Cuanto más presiona, más refuerza el argumento de Pashinyan: que Armenia necesita dejar de depender de un protector que puede convertirse en acreedor político.

En esa lógica, la elección armenia es mucho más que una disputa local. Es una pulseada por el último tramo de influencia rusa en una región que ya empezó a moverse.