12/06/2026 - Edición Nº1221

Internacionales

Mundial 2026

Mundial 2026: la batalla silenciosa entre Estados Unidos, Arabia Saudita y Europa por el poder del fútbol

12/06/2026 | Mientras millones de personas esperan el inicio de la Copa del Mundo, una disputa mucho más grande se desarrolla fuera de las canchas.



Cuando Lionel Messi decidió continuar su carrera en Miami, muchos interpretaron el movimiento como el último gran contrato de una leyenda. Sin embargo, aquella imagen terminó representando algo mucho más profundo: el comienzo de una nueva etapa para el fútbol mundial.

Durante más de cien años, Europa dominó el deporte más popular del planeta. Controló los clubes más ricos, las competencias más prestigiosas, los contratos televisivos más importantes y la mayor parte del negocio global del fútbol. Pero esa hegemonía enfrenta hoy dos desafíos inéditos.

Por un lado, Estados Unidos busca convertir al fútbol en una de las grandes industrias de entretenimiento del siglo XXI. Por otro, Arabia Saudita ha decidido invertir miles de millones de dólares para transformar al deporte en una herramienta central de su estrategia internacional.

Con el Mundial 2026 girando, la principal disputa del fútbol ya no se juega únicamente sobre el césped. Se juega en los despachos donde se decide quién controlará el negocio deportivo más grande del planeta.

El fútbol encontró finalmente a Estados Unidos

Durante décadas, el fútbol ocupó un lugar marginal dentro del deporte estadounidense. La NFL, la NBA, las Grandes Ligas de béisbol y el hockey dominaban la atención del público. Sin embargo, en los últimos años algo comenzó a cambiar.

La llegada de Messi al Inter Miami aceleró un proceso que ya estaba en marcha. La MLS dejó de ser una liga periférica para convertirse en una plataforma cada vez más atractiva para patrocinadores, inversores y cadenas de televisión.

Apple apostó por los derechos globales de la liga. Grandes fondos de inversión comenzaron a participar en franquicias deportivas. Los estadios registraron récords de asistencia y el interés comercial creció a niveles inéditos.

Pero el verdadero objetivo estadounidense va mucho más allá de una competición local. Estados Unidos será el principal anfitrión del Mundial 2026, concentrará la mayoría de los partidos decisivos y albergará la final. También ha reforzado su papel en el nuevo Mundial de Clubes impulsado por la FIFA.

Washington no necesita ganar la Copa del Mundo. Lo que busca es liderar el negocio que la rodea.

La lógica es sencilla: si Hollywood domina parte del entretenimiento global y Silicon Valley controla buena parte de la economía digital, el fútbol aparece como el último gran mercado internacional que todavía puede expandirse masivamente dentro de Estados Unidos.

Arabia Saudita y el petróleo convertido en fútbol

Mientras Estados Unidos apuesta por el negocio, Arabia Saudita persigue algo diferente. La irrupción saudita en el fútbol mundial no responde únicamente a criterios deportivos. Forma parte de una estrategia mucho más amplia impulsada por el príncipe heredero Mohammed bin Salman para reposicionar al reino en el escenario internacional.

La llegada de Cristiano Ronaldo abrió el camino. Luego siguieron Karim Benzema, Neymar, Sadio Mané y otras figuras internacionales que aceptaron contratos multimillonarios para jugar en la Saudi Pro League.

Sin embargo, los fichajes representan apenas una parte de la historia. El Fondo de Inversión Pública saudita adquirió el control del Newcastle United en Inglaterra. El reino organizó eventos internacionales de boxeo, Fórmula 1, golf y deportes electrónicos. Y consiguió quedarse con la organización del Mundial de 2034.

Si Estados Unidos busca rentabilidad, Arabia Saudita busca influencia.

Los analistas definen esta estrategia como sportswashing: la utilización del deporte para mejorar la imagen internacional de un país y ampliar su capacidad de influencia. Para Riad, el fútbol es una herramienta diplomática tan importante como la energía, las inversiones o las relaciones internacionales.

Europa se resiste a perder el control

Frente al avance estadounidense y saudita, Europa sigue siendo el centro tradicional del sistema. Los clubes más poderosos continúan jugando allí. La Champions League mantiene su condición de torneo más prestigioso del fútbol de clubes. La Premier League inglesa genera ingresos superiores a cualquier otra competición nacional. El Real Madrid, el Barcelona, el Bayern Múnich y otros gigantes europeos conservan una enorme capacidad de atracción global.

Además, Europa controla buena parte de la infraestructura financiera y comercial del deporte. Los principales patrocinadores, las grandes cadenas televisivas y las academias de formación más prestigiosas siguen concentrándose en el continente.

Por eso la creciente influencia de Estados Unidos y Arabia Saudita genera preocupación en algunos sectores del fútbol europeo. No se trata únicamente de dinero. También se trata de quién definirá las reglas del juego durante las próximas décadas.

Por primera vez en mucho tiempo, Europa ya no es el único actor capaz de moldear el futuro del fútbol mundial.

La FIFA gana con todos

En el centro de esta disputa aparece un actor que parece beneficiarse de todos los escenarios: la FIFA. Bajo la conducción de Gianni Infantino, la organización ha impulsado una expansión sin precedentes de sus competiciones. El Mundial 2026 contará con 48 selecciones, el mayor número de participantes de la historia. El nuevo Mundial de Clubes también amplía la presencia global del organismo.

La estrategia es clara. Mientras Estados Unidos, Arabia Saudita y Europa compiten por influencia, la FIFA aumenta su alcance, multiplica ingresos y fortalece su capacidad de negociación.

Cada nuevo mercado representa más patrocinadores, más derechos televisivos y más contratos comerciales.

La organización entendió hace tiempo que el fútbol es mucho más que un deporte: es una industria global capaz de movilizar audiencias, gobiernos y miles de millones de dólares.

América Latina mira desde la periferia

Existe una paradoja difícil de ignorar. Argentina y Brasil continúan siendo dos de las grandes fábricas de talento futbolístico del planeta. Sus selecciones siguen figurando entre las principales potencias deportivas y sus jugadores ocupan un lugar central en los mercados internacionales.

Sin embargo, el centro económico del fútbol se encuentra cada vez más lejos de Sudamérica. La región exporta futbolistas del mismo modo que exporta soja, cobre o litio: produce recursos altamente valorados, pero gran parte del valor agregado termina generándose en otros mercados.

Los clubes europeos compran talento joven, lo desarrollan y multiplican su valor. Estados Unidos atrae patrocinadores y audiencias. Arabia Saudita utiliza sus recursos financieros para ganar influencia global.

Mientras tanto, América Latina continúa siendo una potencia futbolística dentro de la cancha, pero cada vez menos determinante fuera de ella.

El Mundial que definirá una nueva era

Durante gran parte del siglo XX, el fútbol fue una expresión de rivalidades nacionales. Hoy también es una disputa entre modelos económicos, estrategias de influencia y proyectos de poder.

Europa intenta preservar el liderazgo que construyó durante generaciones. Estados Unidos busca convertir al deporte más popular del planeta en una industria central de su economía del entretenimiento. Arabia Saudita pretende acelerar su transformación internacional utilizando el prestigio global que ofrece el fútbol.

El Mundial 2026 será mucho más que una competencia entre selecciones. Será la primera gran Copa del Mundo disputada en medio de una batalla por el control político, económico y cultural del fútbol global.

Y aunque los protagonistas visibles seguirán siendo los jugadores, la verdadera disputa ya comenzó hace tiempo.

No enfrenta a once futbolistas contra otros once. Enfrenta a tres potencias que compiten por controlar el espectáculo deportivo más influyente del siglo XXI.