Hay entrevistados que responden preguntas y hay otros que convierten una conversación en una escena política. Jorge Asís pertenece a esa segunda categoría. En su paso por El Living de NewsDigitales, el escritor y analista habló durante más de una hora con ese registro que lo volvió una voz reconocible hace décadas: una mezcla de memoria, ironía, reconstrucción histórica y frases que parecen escritas antes que dichas.
Sentado entre nombres, épocas y relaciones de poder, Asís fue armando una idea que apareció temprano y volvió una y otra vez con distintas formas: Javier Milei todavía conserva fortaleza política, pero el desgaste empieza a aparecer donde menos se esperaba.

“No te diría terminado. Sorpresas puede haber”, dijo cuando le preguntaron por el presente del Gobierno. Y enseguida acomodó el diagnóstico con una precisión propia de quien desconfía de las conclusiones rápidas: “Difícilmente pueda recomponerse en su relación con la sociedad. Pero eso no significa que sea un gobierno débil”.
Porque, para Asís, la explicación no está en los números ni en la calle. “Es un gobierno sostenido por el antiperonismo”, resumió.
Y agregó una frase que dejó flotando el resto de la conversación: “El antiperonismo es tan duro como el propio peronismo”.
Hay una idea que Asís repitió con distintas palabras: el problema de Milei ya no estaría solamente enfrente. “El problema que tiene hoy no es con el peronismo. Lo tiene con el círculo rojo”.

Lo dijo casi sin dramatismo, como si describiera un cambio de temperatura más que una ruptura.
Entonces apareció el viejo concepto que popularizó Mauricio Macri y que Asís toma como una forma de nombrar al poder cuando deja de mostrarse: empresarios, financistas, medios, jugadores que rara vez hablan en público pero que siempre están. “El círculo rojo está un poquito cansado”, lanzó.
Y después profundizó: “No son solamente empresarios de minería o energía. Hay muchos sectores afectados”.
En ese momento recordó una nota propia y una frase que, según contó, escuchó en conversaciones reservadas. “Es loco, no puede reelegir”. Asís no la presentó como sentencia. La presentó como síntoma.
Cuando la conversación se movió hacia la oposición, el tono cambió. Asís habló menos del presente y más del oficio histórico del peronismo: esperar, reorganizarse, volver. “La alternativa real sigue siendo el peronismo”, dijo.

Pero enseguida le agregó una condición. “El peronismo tiene que presentar algún proyecto de futuro creíble”.
No habló de nostalgia ni de reparación. Habló de futuro. Y dejó una observación que, viniendo de él, sonó menos ideológica que práctica: “No se puede gobernar con déficit”.
Después apareció una definición que mezcló elogio y advertencia: el peronismo, dijo, no puede ignorar algunas herramientas que hoy el oficialismo convirtió en bandera.
Como suele pasar cuando habla Asís, los nombres aparecieron como personajes. Sergio Massa fue uno de ellos. “Massa tiene una bala en la recámara. No tiene cuatro. Tiene una”. No sonó a cierre. Sonó a espera.

También habló de Axel Kicillof, del interior, de los intendentes que imaginan un salto y de una provincia de Buenos Aires que, para él, sigue funcionando como laboratorio del poder argentino.
Y dejó una frase que parece más sociológica que electoral. “Una de las próximas disrupciones puede ser que un intendente termine siendo gobernador”.
Hacia el final llegaron Donald Trump, Estados Unidos y el nuevo escenario internacional. Asís marcó diferencias entre Trump y Milei y sostuvo que los tiempos cambiaron más rápido de lo que muchos imaginaban.
Pero el cierre no fue geopolítico, fue una idea, una frase: “La próxima disrupción es la normalidad”. La dijo sin levantar la voz.
Como quien sospecha que, después de tantos años donde la política premió el exceso, tal vez lo verdaderamente novedoso sea volver a encontrar algo parecido al equilibrio.