por Juan Rub
Si hasta hace algunos años resultaba imposible pensar en un equipo exitoso sin un centrodelantero goleador, la final de la UEFA Champions League nos demuestra que las cosas en el fútbol siguen cambiando y que siempre hay otra manera de ganar.
No es que el Arsenal o el Paris Saint-Germain no tengan opciones de ese estilo: los Gunners invirtieron 67 millones de euros en el atacante sueco Viktor Gyökeres (quien ingresó en el minuto 65 de partido) y los parisinos cuentan con el portugués Gonçalo Ramos, que no entró a la cancha sino hasta el minuto 95 y por quien el PSG pagó 65 millones de euros en 2024.
Mientras Arteta eligió a Kai Havertz como delantero, un mediapunta devenido en nueve con movilidad, Luis Enrique sostuvo al Balón de Oro Ousmane Dembelé como futbolista más adelantado. Havertz abrió el marcador para los rojos, Ousmane Dembelé empató de penal para los de azul.
Este patrón no termina en Budapest con la final de la UCL. El Liverpool pagó 145 millones por Isak para terminar jugando con extremos como delanteros centrales.
En la misma cadena de operaciones, el alemán Nick Woltemade llegó a Newcastle como el nueve goleador que reemplazaría al sueco Alexander Isak, pero terminó jugando de enganche y el ataque lo encabezó el extremo Anthony Gordon, refuerzo millonario del FC Barcelona (80 millones).

En el Chelsea, João Pedro, un mediapunta liviano y veloz, se impuso por sobre Liam Delap, un nueve mucho más clásico. En el Barcelona jugó gran parte de la temporada Ferran Torres, antes extremo y hoy delantero eficaz. En Madrid, los colchoneros tuvieron a Alexander Sørloth como goleador de la temporada, sin embargo, el noruego fue suplente en muchos de los partidos importantes.
El Manchester United pagó 75 millones al Leipzig por los servicios del esloveno Benjamin Šeško, que casi nunca fue titular en el puesto que explotó Bryan Mbeumo, quien venía de ser el extremo soñado para el Brentford.
¿Se acabó la era de los número nueve? ¿Qué pasó con los Benzema, Suárez o Ibrahimovic? ¿Se impuso el falso nueve como regla general?
Ni una cosa ni la otra; mientras algunos clubes como el Inter, el Bayern Múnich o el Manchester City siguen encontrando rédito en los Lautaro Martínez, Harry Kane o Erling Haaland, muchos entrenadores descubrieron que los centrodelanteros podían ofrecerles más alternativas ingresando desde el banco o siendo jugadores de rotación.
La temporada 2025–2026 arrancó con una nueva explosión de mercado; aunque hace varias temporadas los montos de transferencias venían algo congelados, la cadena de ventas de jugadores como Isak (Newcastle-Liverpool), Woltemade (Stuttgart-Newcastle), Gyökeres (Lisboa-Arsenal), Delap (Ipswich-Chelsea) o Ekitike (Frankfurt-Liverpool) generó una nueva tanda inflacionaria en el mercado con muchas transacciones por encima de los 50 millones de euros.

A medida que la temporada avanzó, los entrenadores fueron encontrando en extremos, volantes ofensivos y mediapuntas opciones ideales para el frente de ataque. Y es que no solo cambió la realidad de los delanteros centrales: la final de la UCL nos mostró que los equipos reactivos (Arsenal) suelen imponer las reglas del juego inclusive contra los conjuntos más vertiginosos (PSG).
Si en las semifinales se cruzaron equipos con estilos similares (Arsenal-Atlético, reacción) y (PSG-Bayern, vértigo), la final nos presentó a los mejores de cada escuela.
El Arsenal reveló durante toda la temporada un pragmatismo muy eficaz, que le permitió dominar en Premier y sorprender en Champions. El PSG mantuvo su estilo habitual, pero no logró imponer en la final el mismo ritmo que tan bien le había sentado en las semifinales contra los de Múnich.
Y entonces, puede que los delanteros centrales clásicos sean insuficientes para equipos tan pragmáticos como los que vimos en Budapest. Arteta encuentra en Havertz un arma letal para los contraataques y las pelotas paradas, Luis Enrique tiene en Dembelé al mejor presionador y acelerador del fútbol actual. Lo mismo con Flick y Ferran, Carrick y Mbeumo o Howe y Gordon (quizás, el ejemplo más acertado).
Gyökeres y Ramos fueron muy importantes para sus equipos, pero no como iniciadores. Arteta habló a mitad de temporada sobre la importancia de los finalizadores, aquellos futbolistas que debían ingresar en el segundo tiempo para sostener, modificar o cerrar los resultados.
Y el rol de Gyökeres en el equipo coincidió perfectamente con esa descripción: 55 partidos, 40 titularidades, 15 veces desde el banco, 21 goles. Lo mismo para el portugués Gonçalo Ramos en el equipo de París: 45 encuentros, solo 15 titularidades, 30 veces desde el banco y 12 tantos convertidos.
Luego de muchos años de juego de posición como modelo dominante, el impacto de Jürgen Klopp con su gegenpressing, la aparición de nuevos tacticistas jóvenes y el despegue de los aprendices de Guardiola (Arteta, Alonso, Kompany, Xavi, Maresca y más) abrieron nuevos caminos, nuevas vías para llegar a la victoria.
Los equipos reactivos y conservadores pueden ser aburridos, pero también muy eficientes. Los delanteros centrales siguen siendo importantes, pero quizás no desde el comienzo de los partidos. Las inversiones pueden ser altas, pero no siempre deben condicionar las decisiones de los entrenadores.
¿Qué pasará con los nueves durante el Mundial? ¿Qué tipo de centrodelanteros dominarán el fútbol de los próximos años?
Juan Rub
Coordinador de Proyectos en LibroFútbol.com