Con la llegada de las bajas temperaturas y el uso intensivo de estufas, calefactores y braseros, vuelve a crecer uno de los riesgos más peligrosos del invierno: la intoxicación por monóxido de carbono, un gas imperceptible que puede provocar graves consecuencias para la salud.
El principal problema es que no tiene olor, color ni sabor, por lo que muchas personas no advierten su presencia hasta que comienzan a experimentar síntomas que suelen confundirse con otras afecciones cotidianas.
Dolor de cabeza persistente, mareos, sueño, náuseas, cansancio excesivo o una sensación repentina de debilidad son algunas de las manifestaciones más frecuentes de una intoxicación inicial por monóxido de carbono.
La diferencia con enfermedades respiratorias típicas del invierno es que estos cuadros generalmente no presentan fiebre, congestión nasal ni dolor de garganta. Además, los síntomas suelen aparecer dentro de ambientes cerrados y mejorar cuando la persona sale al aire libre.
“Muchas veces los síntomas iniciales se confunden con cansancio, estrés, intoxicación alimentaria o malestar general típico del invierno. Por eso es importante observar si varias personas del hogar comienzan a sentirse mal al mismo tiempo o si las molestias aparecen principalmente dentro de determinados ambientes”, explicó la doctora Lorena Alanis, médica clínica.
Los especialistas advierten que, si la exposición continúa, el cuadro puede agravarse rápidamente. En esos casos pueden aparecer vómitos, dificultad para respirar, visión borrosa, dolor en el pecho, desorientación e incluso pérdida del conocimiento.
Los grupos más vulnerables son los niños, los adultos mayores, las personas gestantes y quienes padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares.
Además, muchas intoxicaciones se producen durante la noche, mientras las personas duermen, especialmente en viviendas donde se utilizan estufas sin salida al exterior o braseros en ambientes con poca ventilación.

Ante cualquier sospecha, la recomendación es actuar de inmediato: abrir puertas y ventanas para ventilar el ambiente, apagar los artefactos a combustión y buscar atención médica lo antes posible.
Los expertos también aconsejan realizar controles periódicos de estufas, calefones y sistemas de calefacción con gasistas matriculados, verificar que las rejillas de ventilación no estén obstruidas y mantener siempre una mínima circulación de aire dentro de la vivienda.
“En la mayoría de los casos, la prevención hace la diferencia. Revisar las instalaciones, no bloquear las ventilaciones y prestar atención a síntomas que aparecen de forma repentina son medidas simples que ayudan a evitar situaciones graves”, remarcaron los especialistas.
Con hogares más cerrados y temperaturas cada vez más bajas, la información y los controles preventivos siguen siendo fundamentales para atravesar el invierno de forma segura y evitar accidentes que, en muchos casos, pueden prevenirse.
