En una nueva edición de El Living de NewsDigitales, el empresario textil Camilo Alan dejó un duro diagnóstico sobre la actualidad económica. Dueño de un negocio ubicado en el barrio porteño de Villa Crespo y referente histórico del sector, aseguró que la caída del consumo, el avance de las importaciones y las dificultades para sostener la actividad están empujando a miles de PyMEs a una situación límite.
Con más de 60 años de trayectoria, Alan es una de las voces más reconocidas de la industria textil argentina. Empresario, productor y comerciante, se convirtió en un referente habitual cuando se debate la situación de las pequeñas y medianas empresas. A sus 81 años, continúa al frente de su actividad comercial y suele advertir sobre las consecuencias de la caída del consumo, el impacto de las importaciones y las dificultades que enfrentan las PyMEs para sostener el empleo y afrontar costos como alquileres, servicios e impuestos.
Su actividad está vinculada a la producción de capelladas —la parte superior tejida de las zapatillas—, además de la comercialización de indumentaria y materias primas para el sector. En los últimos años ganó notoriedad por sus intervenciones en medios de comunicación y redes sociales, donde expone la realidad cotidiana de comerciantes, fabricantes y trabajadores afectados por la crisis económica.
Alan explicó que su actividad se concentra en la producción de capelladas, además de prendas textiles que comercializa en su local. Durante la entrevista también habló sobre la calidad de los productos, el debate sobre las marcas y los hábitos de consumo, aunque rápidamente la conversación derivó hacia la situación económica que atraviesa el país.

Consultado sobre el presente del sector, fue contundente. “La venta está mal. Cada vez peor. Estoy hablando con la gente todos los días y la situación empeora”, afirmó.
Como ejemplo, relató el caso de un cliente fabricante de calzado que recientemente decidió despedir a sus 60 empleados. Según explicó, no se trató de una decisión empresarial vinculada a la rentabilidad sino a la imposibilidad de sostener la actividad. “Ama su fábrica, pero no le están pagando. Se cortó la cadena de pagos”, señaló.
A su entender, uno de los problemas más graves es la falta de liquidez que atraviesan las empresas. “La gente compra menos, paga menos y muchos proveedores entregan mercadería en cantidades reducidas porque tienen miedo de no cobrar. Eso genera un efecto dominó que termina afectando a toda la economía”, sostuvo.
Durante la conversación también recordó un episodio ocurrido años atrás, cuando coincidió en un programa de televisión con el entonces economista y actual presidente Javier Milei.

Alan relató que atravesaba una situación de fuerte deterioro económico durante el gobierno de Mauricio Macri, con dos de sus tres negocios cerrados y una empresa concursada. En ese contexto, aseguró haberse sentido agraviado por las críticas que Milei dirigía hacia los empresarios que atravesaban dificultades.
“Yo me estaba fundiendo y escuchaba que nos trataban de ignorantes o de que no sabíamos administrar. Eso me molestó mucho”, recordó. Incluso admitió que durante una pausa del programa reaccionó de manera impulsiva y luego debió pedir disculpas a la producción.
Sin embargo, aclaró que hoy su preocupación no pasa por aquel episodio sino por el presente económico. “Lo que me preocupa es el futuro, sobre todo para los jóvenes y para la gente que necesita trabajar”, remarcó.
Uno de los puntos más reiterados por Alan fue la competencia con los productos importados, especialmente los provenientes de China.

Según explicó, la industria local enfrenta costos laborales, impositivos y financieros que dificultan competir con mercadería fabricada en países con estructuras productivas muy diferentes. “El empresario argentino paga una carga enorme. Cuando entra un producto de China es muy difícil competir”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que la apertura comercial sin mecanismos de protección puede terminar afectando seriamente a la producción nacional. “China produce a una escala imposible para nosotros. Si destruyen la industria local después terminan dominando el mercado”, advirtió.
El empresario aseguró que la caída del consumo también está alcanzando a polos comerciales históricamente dinámicos, como avenida Avellaneda y La Salada. “No están vendiendo. Si se frena ese movimiento, que mueve miles de millones de pesos, se puede frenar cualquier cosa”, expresó.
A los 81 años, Alan sostiene que todavía tiene capacidad para reinventarse. “Fui taxista, fletero, hice de todo en mi vida. Me puedo rebuscar”, dijo.
Sin embargo, aclaró que su preocupación no está centrada en su situación personal sino en el deterioro social que observa a su alrededor. “La gente llega a su casa deprimida porque no sabe qué llevar para comer. Eso termina generando conflictos, violencia y desesperación”, manifestó.

También reveló que mantiene abierto su negocio gracias a sus ahorros y al compromiso que siente con quienes trabajan junto a él. “Tendría que haber cerrado hace seis meses, pero tengo empleados a los que considero como mis hijos. Incluso soy garante de algunos alquileres”, contó.
Según su diagnóstico, la crisis ya no afecta solamente a los sectores industriales. “Están trayendo tomate de afuera, naranja de afuera, manzana de afuera. Mientras tanto, productores argentinos terminan tirando parte de su producción porque no les conviene levantarla. Estamos perdiendo la idea de comunidad y cada uno empieza a pensar solamente en sí mismo”, lamentó.
Sobre el final de la entrevista, Alan aseguró que le gustaría reunirse con el presidente para transmitirle la realidad que observa diariamente en el sector productivo.
“Yo no soy un fracasado. Nací en un conventillo, me caí varias veces y siempre me levanté. Lo que está pasando no tiene que ver con que la gente no quiera trabajar, sino con políticas económicas que están afectando a las pequeñas empresas”, afirmó.
El empresario reveló que la situación de su propio negocio es delicada. “No creo que pueda aguantar más de tres o cuatro meses si esto sigue así. No vendo nada. Me estoy comiendo los pocos ahorros que tengo para sostener el local y ayudar a la gente que trabaja conmigo”, aseguró.

Para Alan, la recuperación debería apoyarse en un esquema que permita a las PyMEs contratar más personal y reducir la presión impositiva sobre quienes generan empleo. “La pequeña empresa tiene que dar trabajo y contener a la gente. Sin producción, sin consumo y sin mercado interno no hay futuro”, concluyó.