Mientras la investigación por el femicidio de Agostina Vega continúa sumando pruebas para reconstruir sus últimos días, un documento escrito por la propia adolescente permitió correr por un momento el foco del expediente y volver a poner la mirada en quién era ella.
El texto surgió de una actividad escolar realizada meses atrás en el IPEM 169 Rafael Escuti, donde la joven cursaba tercer año. Allí, los alumnos debían responder preguntas sobre sus gustos, intereses y expectativas para el futuro. Lo que para entonces era una tarea más terminó convirtiéndose, tras el crimen, en un retrato íntimo de la adolescente.
El manuscrito fue compartido por Ramiro, uno de sus profesores de música, y rápidamente se viralizó entre compañeros, familiares y vecinos que aún intentan asimilar la noticia de su muerte.
Entre las respuestas, Agostina describía una vida atravesada por intereses sencillos y proyectos propios de una chica de 14 años. Contó que le gustaba asistir a la escuela porque allí podía encontrarse con sus amigas durante los recreos, que disfrutaba leer cuentos y que prefería las películas románticas y animadas.

También mencionó una actividad que ocupaba parte de su tiempo libre: realizar extensiones de pestañas. Era uno de sus pasatiempos favoritos y una práctica que había incorporado como interés personal.
Sin embargo, fueron las respuestas vinculadas al futuro las que adquirieron una dimensión especial después de su muerte. Al ser consultada sobre sus metas a corto plazo, escribió que quería aprobar el año escolar. Y cuando le preguntaron qué le gustaría hacer más adelante, respondió que deseaba convertirse en psicóloga.
Ese proyecto quedó truncado el fin de semana pasado, cuando sus restos fueron hallados en un descampado del barrio Ampliación Ferreyra. Por el crimen permanece detenido Claudio Barrelier, único imputado en la causa.
La difusión del trabajo escolar coincidió con los homenajes que comenzaron a multiplicarse en Córdoba. Compañeros y amigos se reunieron frente a la vivienda donde Agostina residía junto a su madre para recordarla y acompañar a la familia en medio del dolor.
Durante esos encuentros aparecieron recuerdos de la vida cotidiana compartida en la escuela. Algunos compañeros señalaron que hacía varias semanas que no asistía a clases y que muchos creyeron que se había cambiado de establecimiento educativo.
La ausencia había sido advertida por las autoridades escolares. Según explicó Mónica Benítez, inspectora de Capital 5 de Educación Secundaria, el establecimiento activó los protocolos de seguimiento previstos para casos de inasistencias prolongadas y mantuvo contacto con la madre de la adolescente.
De acuerdo con la funcionaria, Agostina había ingresado al colegio en septiembre de 2025 luego de un cambio de domicilio familiar y durante su paso por la institución no había mostrado señales que permitieran anticipar una situación de riesgo. "Era una alumna promedio", señaló.