La investigación por el asesinato del comisario Diego Fernando Ponce encontró en las últimas horas una pieza que podría resultar clave para reconstruir el ataque ocurrido en Villa Dorrego, partido de La Matanza. Se trata de un joven de 19 años que ingresó herido a un hospital con una versión que, para los investigadores, comenzó a derrumbarse apenas empezaron a revisarse las pruebas.
El sospechoso llegó al hospital Paroissien acompañado por su hermana y explicó que había recibido un disparo durante un supuesto robo ocurrido frente a su vivienda. Sin embargo, la Justicia detectó rápidamente una serie de elementos que lo ubicaron bajo la lupa de los pesquisas.
El primero de ellos fue su situación procesal. El joven debía permanecer en arresto domiciliario mientras esperaba ser juzgado por una causa de robo anterior. Incluso llevaba colocada una tobillera electrónica destinada a controlar sus movimientos.

Pese a esa restricción, los investigadores determinaron que había abandonado su domicilio sin autorización, circunstancia que ya representa un incumplimiento de las condiciones impuestas por la Justicia bonaerense.
Pero el dato más comprometedor apareció durante las pericias médicas. Los profesionales que lo atendieron confirmaron que tenía una bala alojada en una pierna y que el proyectil era compatible con el calibre utilizado por el comisario Ponce cuando intentó resistir el asalto.
La sospecha cobró aún más fuerza cuando los investigadores analizaron las imágenes de cámaras de seguridad obtenidas durante la pesquisa. Según las primeras conclusiones, el joven llevaba puesta la misma ropa que habría utilizado uno de los delincuentes que participaron del ataque.
Por ese motivo, la hipótesis principal es que pudo haber resultado herido durante el intercambio de disparos que se produjo la noche del lunes, cuando cuatro motochorros intentaron robarle la camioneta al efectivo policial.
El hecho ocurrió este lunes cerca de las 20.30 en la calle Apipe, entre Obligado y Zufriátegui. Ponce había ido a buscar a su hija a una clase de inglés cuando fue interceptado por cuatro delincuentes que se movilizaban en dos motocicletas y buscaban apoderarse de su Ford EcoSport.
Según la reconstrucción realizada hasta el momento, el comisario se identificó como policía y abrió fuego para defenderse. La reacción derivó en un intenso tiroteo durante el cual recibió varios disparos en el abdomen y la espalda.
Los agresores escaparon del lugar, mientras que vecinos de la zona intentaron auxiliar al efectivo. Aunque fue trasladado de urgencia a una Unidad de Pronta Atención del kilómetro 29, ingresó sin signos vitales y los médicos no lograron reanimarlo.
Mientras tanto, el joven herido permanece internado bajo custodia policial. Una vez que reciba el alta médica será trasladado para quedar formalmente detenido por haber violado el arresto domiciliario y deberá ser indagado por el fiscal Adrián Arribas.
La investigación también avanzó sobre la identificación de los otros tres sospechosos que habrían participado del asalto. Los investigadores analizan imágenes de cámaras de seguridad y distintas evidencias para determinar el grado de participación de cada uno en el hecho que terminó con la muerte del comisario.
Por ahora, la principal incógnita es si el joven herido fue uno de los motochorros que participaron del ataque. Para los investigadores, la bala en la pierna, la ropa que llevaba puesta y su inexplicable salida del arresto domiciliario son indicios que lo acercan cada vez más a la escena del crimen.