El estudio cualitativo titulado “Quién dijo que todo está perdido”, realizado por el analista Sebastián Halperín durante la segunda semana de mayo de 2026 en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), fijó con precisión las demandas comunes de la población.
El documento establece de forma clara nueve puntos de acuerdo absoluto entre los ciudadanos que defienden la gestión oficial de La Libertad Avanza y aquellos que se posicionan en la vereda de enfrente, abarcando temas críticos como la inflación, los sueldos, la obra pública, la protección industrial, la asistencia social, el ajuste fiscal, la corrupción judicial, la deuda externa y las políticas estatales a largo plazo.
Este mapa de referencia significa la aparición de un "justo medio aspiracional" que quiebra la narrativa binaria tradicional de los bloques de poder tradicionales. Los datos demuestran de forma exacta que el votante oficialista no apoya un libre mercado puro y desregulado, sino que le pone límites concretos al programa económico del Gobierno nacional cuando afecta el consumo diario.
El impacto político real de este informe es que funciona como una hoja de ruta esperada por la población para superar la crisis actual. La sociedad se aferra a la máxima histórica de Willy Brandt —“tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”— para exigir un equilibrio que detenga el deterioro del tejido social.
La coincidencia más urgente para la población es la brecha existente entre los precios reales de los alimentos y el indicador que publica el Gobierno. Los participantes de todas las extracciones ideológicas coinciden de manera unánime en que el índice oficial "promedia bienes que no aumentan con productos de primera necesidad", distorsionando la realidad del supermercado.

Mientras los sectores opositores exigen esquemas de control rígidos, los simpatizantes oficialistas proponen acuerdos voluntarios entre empresarios y funcionarios del Estado. Sin embargo, ambos grupos comparten la misma desazón por la pérdida diaria del poder adquisitivo frente a las tarifas de los servicios básicos.
El informe registra un consenso masivo sobre el violento desfasaje que sufren los ingresos frente al costo de vida actual. Los ciudadanos advienten sin distinción partidaria que la caída del consumo interno va a profundizarse si no se habilitan paritarias inmediatas para actualizar los sueldos de los trabajadores.

El estudio cualitativo sintetiza esta alarma generalizada mediante una advertencia directa recogida en los testimonios de la muestra: “Si no se actualizan los sueldos, el consumo va a seguir cayendo”. La recomposición se plantea como una medida prioritaria para reactivar la actividad comercial de las Pymes.
El reimpulso de la infraestructura estatal constituye el dato más contraintuitivo y disruptivo para el algoritmo económico de la Casa Rosada. Incluso las personas que evalúan positivamente la gestión presidencial exigen retomar las obras como un motor esencial para generar empleo genuino en los barrios.

Este punto fáctico demuestra de manera específica que la población coincide en que no se puede "dejar todo al privado". La parálisis de las construcciones financiadas por el Estado es vista como una fábrica de desempleo que agrava la desazón en las expectativas familiares.
El estudio detecta una fuerte demanda ciudadana para aplicar una "apertura secuencial" de la economía en lugar de una desregulación aduanera total. Los entrevistados exigen de forma unánime que el Estado imponga regulaciones comerciales estrictas sobre plataformas extranjeras de comercio electrónico como Shein o Temu.

El objetivo específico de esta medida es salvaguardar a los sectores intensivos en mano de obra local, principalmente el textil y las pequeñas empresas. La frase de los grupos focales resume esta visión productiva: “Lo que no se produce acá tendría que entrar libremente y lo que se produce en el país tendría que tener un estímulo de parte del Estado para que se aggiornen”.
Existe un consenso absoluto en transformar por completo la lógica de los planes sociales estatales, pasando de la "dádiva" asistencial a un esquema de promoción humana. Los participantes del AMBA sintetizan esta reforma estructural bajo la lógica tradicional de entregar "la caña en lugar del pescado".

El éxito de este nuevo modelo requiere, según los consultados, la aplicación de auditorías estrictas e ineludibles sobre los intermediarios. Asimismo, se valoran de manera positiva los sistemas de tarjetas de alimentos tipo Alimentar porque permiten realizar un seguimiento transparente y aseguran que el dinero público se destine exclusivamente a la comida.
La población reclama de forma conjunta que el peso total del ordenamiento de las cuentas públicas no recaiga únicamente sobre las espaldas de la clase media y los trabajadores. El informe cualitativo evidencia una exigencia transversal para que el Estado brinde protección prioritaria a los eslabones sociales más golpeados por la crisis.

Los grupos focales identificaron con precisión fáctica a los tres sectores que se encuentran en una situación de mayor desprotección material actual. Estos tres grupos vulnerables que el Estado debe cuidar de forma urgente son los jubilados, los docentes y las personas con discapacidad.
El diagnóstico ciudadano señala que la corrupción en la administración pública se encuentra alimentada y protegida por una "casta judicial" carente de independencia institucional. Ante este escenario, oficialistas y opositores demandan por igual un endurecimiento severo de las penas y el fortalecimiento de los castigos para los funcionarios infractores.
Como medida anticorrupción novedosa, el estudio registra que la sociedad exige el pago de un salario digno para sectores estratégicos como los docentes y la policía. La frase de los participantes lo detalla de forma clara: “Que haya un sueldo como corresponde, tanto los docentes, policías”, operando así como una salvaguarda económica efectiva contra el soborno de calle.
Los ciudadanos le asignan al Congreso un rol protagónico, obligatorio e ineludible en el control de las finanzas internacionales del país. El consenso transversal establece que cualquier nuevo compromiso financiero o endeudamiento con el exterior debe pasar de forma obligatoria por el Poder Legislativo para garantizar su legitimidad jurídica.

Las posiciones recopiladas en el AMBA adoptan un tono rígido frente a los atropellos institucionales del pasado. El informe revela que las posturas más radicales de los participantes sugieren directamente el desconocimiento soberano de aquellas deudas que no hayan contado con una aprobación legislativa previa en el Congreso.
La conclusión del estudio cualitativo advierte sobre el peligro de la histórica lógica pendular de la política argentina, donde cada nueva administración destruye de forma sistemática el trabajo de la gestión anterior. Este comportamiento institucional es visto por la sociedad como la causa principal que impide la estabilidad económica y el progreso a largo plazo del país.
La frase textual de un participante resume con precisión el reclamo de la calle frente al laberinto actual: “Si seguimos con la lógica de que el que viene borra de un plumazo lo que hizo el anterior, no hay nada que hacer”.
TM