La protagonista de Game of Thrones, Emilia Clarke, conmovió al público durante un evento de la revista Variety en Londres, donde fue homenajeada. Quince años después de haber sufrido dos hemorragias cerebrales cuando promediaba sus 20 años, la actriz rememoró el profundo impacto que estos episodios tuvieron en su salud y en su carrera profesional.
Durante su discurso, la intérprete confesó los complejos sentimientos que la acompañaron durante mucho tiempo tras superar las crisis médicas. Emilia Clarke reveló: “Durante varios años, sentí que había engañado a la muerte y que venía a buscarme. Realmente sentía que había hecho algo mal y que no debería estar aquí. También pensé que había arruinado mi capacidad de actuar, ¡con lo que algunas personas podrían estar de acuerdo!”.

La actriz detalló cómo el éxito de la serie de televisión coincidió con sus peores momentos de salud, ya que su primer episodio ocurrió a los 22 años —misma edad en la que grababa la primera temporada de la producción de HBO— y el segundo a los 24. A pesar de haber vuelto a filmar a las pocas semanas de cada hemorragia porque podía hablar y recordar sus guiones, Clarke admitió que ignoró alarmantes secuelas físicas y emocionales, como fatiga extrema, dolores corporales, desmayos y ansiedad, asumiendo erróneamente que todo se debía al estrés laboral.
Frente a la falta de respuestas del sistema médico tradicional, que suele enfocarse únicamente en salvar la vida del paciente y descuidar las secuelas posteriores, la actriz decidió transformar su experiencia en acción. En 2019, fundó junto a su madre la organización benéfica SameYou.

Al romper el silencio aquel año, descubrió una enorme comunidad de sobrevivientes, mayoritariamente jóvenes, atrapados en el mismo desamparo. Respecto a esto, Clarke señaló: “Hoy tenemos decenas de miles de sobrevivientes en nuestra comunidad que dicen esencialmente lo mismo: el viaje hacia la curación se siente como caer al borde de un acantilado sin nadie allí para atraparte”.
A través de su fundación, la artista busca visibilizar la enorme carencia que existe en los servicios de rehabilitación neuropsicológica y el estigma que rodea a las lesiones cerebrales. Clarke enfatizó la necesidad urgente de un cambio global en la atención posterior, argumentando que el proceso de sanación integral es el pilar fundamental que le devuelve la identidad y la confianza a las personas afectadas, bajo la firme convicción de que la recuperación es tan crucial como haber salvado la vida en la emergencia. Al recordar que una de cada tres personas sufrirá una lesión cerebral a lo largo de su existencia, Clarke cerró su intervención reforzando el propósito de su organización, que busca garantizar que todos los sobrevivientes tengan un camino claro y digno para salir adelante y volver a ser ellos mismos.