Montenegro quiere convertirse en el nuevo miembro de la Unión Europea y ya fijó una fecha ambiciosa para lograrlo: 2028. Con apenas 630.000 habitantes, esta nación ubicada sobre la costa del mar Adriático es considerada hoy la candidata más avanzada entre todos los países que aspiran a incorporarse al bloque.
La apuesta quedó reflejada incluso en los aviones de la aerolínea nacional Air Montenegro, que comenzaron a lucir el lema “28 para 2028”, una referencia directa al objetivo de transformarse en el vigésimo octavo integrante de la organización europea.
La historia comenzó formalmente en 2008, cuando Montenegro presentó su solicitud de adhesión. Dos años después obtuvo el estatus de candidato y en 2012 inició las negociaciones. Desde entonces, el país abrió los 33 capítulos de negociación que exige Bruselas y logró cerrar 14 de ellos, un avance superior al de otros aspirantes de los Balcanes occidentales.
El proceso incluye reformas en áreas tan diversas como economía, agricultura, medio ambiente, derechos fundamentales, justicia y administración pública. Cada capítulo debe cumplir estrictos requisitos antes de ser aprobado.
Uno de los cambios más significativos en la historia reciente montenegrina fue su giro geopolítico. Durante años, el país mantuvo estrechos vínculos económicos con Rusia. Inversores rusos adquirieron propiedades en la costa adriática y miles de turistas llegaban cada temporada a sus playas.

Sin embargo, las relaciones comenzaron a deteriorarse después de un presunto intento de golpe de Estado en 2016. La distancia aumentó cuando Montenegro ingresó a la Organización del Tratado del Atlántico Norte en 2017 y más tarde aplicó sanciones contra Moscú tras la invasión rusa de Ucrania. Ese acercamiento a Occidente fortaleció su posición dentro de las instituciones europeas y aceleró las conversaciones de integración.
A pesar de los avances, el ingreso todavía no está garantizado. Las autoridades europeas consideran que Montenegro debe profundizar reformas vinculadas al funcionamiento de la Justicia, la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento del Estado de derecho.

La eventual adhesión de Montenegro tendría una importancia que va más allá de su tamaño. Sería la primera ampliación de la Unión Europea desde el ingreso de Croacia en 2013 y representaría una señal de que el proyecto de expansión continúa vigente.
También podría servir como modelo para futuras incorporaciones de otros candidatos, incluidos algunos mucho más complejos por población, territorio y situación geopolítica.

Aunque el objetivo de 2028 es considerado muy exigente, las autoridades montenegrinas sostienen que aún es alcanzable. Si logra completar las reformas y obtener la aprobación unánime de los 27 Estados miembros actuales, el pequeño país balcánico podría convertirse en la próxima bandera de la expansión europea.