05/06/2026 - Edición Nº1214

Sociedad


Felicidad en retroceso

Estrés, ansiedad y desgaste: uno de cada cuatro argentinos presenta síntomas de burnout

05/06/2026 | Un estudio reveló que la percepción de bienestar cayó a su nivel más bajo desde 2018.



La felicidad parece haberse convertido en un bien cada vez más escaso. Un relevamiento realizado durante el primer semestre de 2026 mostró que apenas el 46,8% de los argentinos se considera feliz con su vida, un indicador que marca el nivel más bajo registrado en los últimos ocho años y que coincide con un aumento sostenido de los problemas vinculados al agotamiento emocional.

El estudio, elaborado por el Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de Insight 21, el think tank de la Universidad Siglo 21, detectó además que el 23,8% de la población presenta síntomas asociados al burnout, un síndrome caracterizado por el estrés laboral crónico, el agotamiento mental y la pérdida progresiva de motivación.

Los investigadores utilizaron herramientas reconocidas internacionalmente para medir ambos fenómenos. Por un lado aplicaron la Escala de Satisfacción con la Vida (SWLS), empleada por organismos como la UNESCO y la Organización Mundial de la Salud para evaluar la percepción subjetiva de bienestar. Por otro, recurrieron al Inventario de Burnout de Maslach, uno de los instrumentos más utilizados para detectar desgaste emocional relacionado con el trabajo.

Detrás de los números generales aparece una brecha que atraviesa buena parte de los indicadores del relevamiento: el nivel educativo.

Las personas con menor formación son las que exhiben los peores resultados. Entre quienes sólo alcanzaron estudios primarios, apenas el 20% manifestó sentirse satisfecho con su vida, mientras que el 32% presentó síntomas de burnout, la cifra más alta del estudio.

En el extremo opuesto aparecen quienes realizaron estudios de posgrado. Ese grupo mostró un crecimiento del 15% en sus niveles de felicidad respecto del año anterior y registró la menor incidencia de agotamiento laboral, con una prevalencia del 18,5%.

Desde el Observatorio señalaron que la educación parece funcionar como un factor protector frente al malestar emocional. Según explicaron, los datos reflejan una fragmentación creciente del bienestar, donde los sectores con menor nivel educativo enfrentan simultáneamente una reducción en su satisfacción personal y una mayor exposición al desgaste laboral.

La investigación también identificó diferencias según género y edad. La caída de la felicidad impactó con mayor fuerza en los varones, entre quienes el indicador descendió hasta el 45%.

En cuanto al agotamiento mental, los niveles más elevados se registraron entre las personas de mediana edad. Los grupos de entre 40 y 49 años y de 50 a 59 años concentraron las mayores tasas de burnout, con prevalencias del 28% y 25%, respectivamente.

Sin embargo, uno de los datos que más preocupación generó entre los especialistas fue la extensión de los indicadores de malestar emocional más allá del ámbito laboral.

El 47% de los encuestados afirmó sentirse nervioso, angustiado o tenso varios días por semana. A su vez, el 34% señaló haber perdido interés o placer en actividades que antes disfrutaba.

Para los autores del informe, estos resultados muestran que el agotamiento laboral no aparece de manera aislada, sino que suele estar acompañado por síntomas de ansiedad, desánimo y deterioro del bienestar general, con efectos que terminan impactando tanto en la productividad como en las relaciones sociales.

La directora de Insight 21, Florencia Rubiolo, advirtió que los hallazgos deberían servir como una señal de alerta para gobiernos, empresas e instituciones. Según sostuvo, la salud mental y el bienestar emocional deben ocupar un lugar cada vez más relevante en el diseño de políticas públicas y en las dinámicas organizacionales.

El estudio deja una conclusión que atraviesa a todos los grupos analizados: mientras los niveles de felicidad continúan descendiendo, los indicadores de agotamiento y malestar emocional avanzan sobre una porción cada vez más amplia de la población. Y esa combinación comienza a dibujar un escenario que preocupa tanto a especialistas como a quienes estudian el impacto social de la salud mental.