La crisis de IOMA volverá a quedar en el centro de la escena política bonaerense el próximo lunes, cuando la Cámara de Diputados trate en sesión especial el pedido de interpelación al presidente de la obra social provincial, Homero Giles. La convocatoria fue posible gracias a una inédita coordinación de los bloques opositores, pero en el oficialismo ya activaron una estrategia para impedir que la ofensiva avance.

Aunque la oposición consiguió las firmas necesarias para forzar la sesión, el desafío ahora será mucho más complejo: reunir las condiciones políticas para aprobar la interpelación. Para eso necesita una mayoría simple sobre los diputados presentes, un escenario que en Unión por la Patria intentan desactivar antes de que se abra el debate.
La maniobra opositora generó malestar en la conducción de la Cámara baja. Especialmente por el acompañamiento de uno de los bloques libertarios dialoguistas, habitualmente alineado con el oficialismo en las votaciones más sensibles.

Ese movimiento fue interpretado en sectores del peronismo como una ruptura de acuerdos tácitos que venían funcionando en la Legislatura. Por eso, varios dirigentes descuentan que algunos de esos legisladores podrían ausentarse o modificar su posición al momento de la votación para evitar una derrota política del gobierno de Axel Kicillof.
La sesión especial fue impulsada por una alianza que reunió al PRO, La Libertad Avanza, los dos bloques de la UCR, la Coalición Cívica y otros espacios opositores. Sin embargo, el escenario podría modificarse si parte de esos respaldos se diluyen en las horas previas.
La situación de la obra social bonaerense se convirtió en uno de los puntos más vulnerables de la gestión provincial. Los reclamos por demoras en prestaciones, conflictos con prestadores médicos y problemas de cobertura impactan sobre más de dos millones de afiliados.
Ese contexto explica la ofensiva legislativa para exigir explicaciones a Homero Giles, uno de los funcionarios más cercanos a La Cámpora dentro del esquema de gestión provincial.
Para el oficialismo, permitir una interpelación en el recinto implicaría abrir una discusión incómoda sobre uno de los temas más sensibles de la administración bonaerense. Por eso, las distintas tribus del peronismo coinciden en un objetivo común: evitar que la oposición transforme la sesión en una derrota política para el gobierno.
En los pasillos legislativos ya circula una hipótesis que gana fuerza. El oficialismo buscaría reducir al mínimo la asistencia durante la sesión especial para impedir que la oposición consiga el número necesario y convertir el encuentro en una sesión sin consecuencias prácticas.
La estrategia permitiría bloquear el avance contra Giles sin necesidad de exponer públicamente una defensa cerrada de su gestión. De esa manera, la oposición podría quedarse con la foto de la denuncia, pero sin la herramienta institucional que busca activar.

Mientras tanto, los bloques opositores intentarán mostrar volumen político y sostener la presión sobre el gobierno provincial. La expectativa estará puesta en cuántos diputados ocupan sus bancas y si finalmente aparece el número necesario para transformar la crisis de IOMA en un debate formal dentro del recinto.
Más allá de la disputa por la obra social, la actividad legislativa del lunes tendrá otro tema caliente: el reparto del Fondo de Emergencia y Fortalecimiento de la Inversión Municipal acordado durante la negociación por el endeudamiento provincial.
Tras meses de demoras y discusiones en la Comisión de Presupuesto, el oficialismo y la oposición intentan acercar posiciones sobre el destino de esos recursos que los intendentes reclaman con urgencia.
Si finalmente hay acuerdo, la sesión ordinaria prevista para la tarde tendrá como eje central la distribución de esos fondos. Caso contrario, la Cámara podría limitarse a tratar declaraciones y cuestiones administrativas, alimentando las críticas por la escasa actividad legislativa durante el primer semestre.
Con la crisis de IOMA de un lado y la pelea por los recursos municipales del otro, el lunes promete convertirse en una de las jornadas más tensas del año para la política bonaerense.