En las oficinas que ocupa sobre la Avenida Libertador el movimiento es constante. Dirigentes, empresarios y referentes de distintos sectores pasan a conversar con Sergio Massa, pero nadie se lleva definiciones electorales. El excandidato presidencial escucha, toma nota y evita cualquier apuro sobre el escenario de 2027.
Su argumento para enfriar expectativas es siempre el mismo. Recuerda cómo estaba el tablero político en mayo de 2022, cuando nadie imaginaba que terminaría siendo candidato presidencial del peronismo. Por eso rechaza las especulaciones prematuras y sostiene que cualquier análisis electoral todavía está condicionado por variables que pueden cambiar drásticamente en los próximos meses.
La principal preocupación que comparte en privado es que el antimileísmo aún no logró superar al antiperonismo. Según su lectura, ni él, ni Cristina Kirchner ni Axel Kicillof tienen hoy garantizada una victoria. Por eso insiste en que el peronismo debe construir una mayoría capaz de imponerse en primera vuelta y evitar depender de un eventual balotaje.
En el Frente Renovador dan por hecho que el próximo candidato presidencial deberá surgir de una competencia interna. Massa no rechaza ese escenario y recuerda que ya participó de disputas partidarias tanto en 2015, frente a José Manuel de la Sota, como en las PASO de 2023 contra Juan Grabois.

Su estrategia pasa por ampliar el espacio y evitar expulsiones. En ese marco cuestiona los discursos que buscan cerrar puertas dentro del peronismo y sostiene que los gobernadores del interior serán fundamentales para cualquier proyecto competitivo. Nombres como Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil o incluso Gustavo Sáenz aparecen dentro de ese esquema de diálogo permanente que impulsa el tigrense.
Mientras tanto, Massa observa desde afuera la disputa entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof. Considera que ambos sectores deberán encontrar algún mecanismo de acuerdo cuando llegue el momento de las definiciones electorales, aunque también mantiene activo su propio armado político.

En paralelo, sigue concentrado en reuniones con empresarios, especialmente vinculados a las pequeñas y medianas empresas, donde analiza indicadores de empleo, producción y endeudamiento. Cerca suyo aseguran que ve un escenario económico complejo hacia el final del año y que proyecta una situación más turbulenta para 2027.
Por ahora evita hablar de candidaturas propias. Su diagnóstico es que todavía falta demasiado tiempo, que las imágenes negativas de los principales referentes opositores siguen siendo altas y que el escenario político argentino tiene capacidad suficiente para volver a cambiar antes de la próxima elección presidencial.