A tres días del inicio de la Copa Mundial de Fútbol, destaca la historia de la selección de Curazao, que cumple con todas las normas de convocatoria y elegibilidad de la FIFA, pero no deja de ser llamativa.
La pequeña isla caribeña de apenas 155.000 habitantes se prepara para su estreno absoluto en un Mundial. Sin embargo, lo que llama la atención no es solo su clasificación histórica, sino la composición de su plantel: de los 26 convocados, solo uno nació en la isla.
El resto de la delegación, nada menos que 25 futbolistas, nació y se crió en los Países Bajos. Esta curiosa "legión extranjera" representa al combinado de la Concacaf amparándose en sus raíces familiares y en un vínculo político que permite este puente futbolístico entre Ámsterdam y el Caribe.
Detrás de este fenómeno hay un arquitecto con nombre propio: Dick Advocaat. El experimentado entrenador neerlandés, que a sus 78 años se convertirá en el técnico más longevo en dirigir en un Mundial, entendió que el camino más corto hacia la competitividad no era esperar el surgimiento de una cantera local, sino salir a "pescar" talento en Europa.

Advocaat, que tuvo tres ciclos al frente de la selección naranja, utilizó sus contactos para convencer a jugadores que pasaron por las juveniles de Holanda pero que no tenían lugar en la mayor.
El mensaje fue claro: la posibilidad de jugar un Mundial defendiendo la bandera de sus padres o abuelos. "No tenía chances de jugar para Holanda, así que elegí Curazao", admitió sin vueltas Juninho Bacuna, reflejando el pensamiento de gran parte del grupo que integran nombres como su hermano Leandro, Riechedly Bazoer o Armando Obispo.
La movida le salió redonda. Tras un proceso con algunos sobresaltos -que incluyó la salida temporal de Advocaat por problemas familiares y el breve paso de Fred Rutten-, el equipo logró una armonía que lo depositó por primera vez en la cita máxima del fútbol.

Dentro de este plantel repleto de nacidos en ciudades como Róterdam o Groninga, hay un solo futbolista que puede presumir de ser oriundo de Curazao. Se trata de Tahith Chong, el talentoso extremo del Sheffield United. Chong nació en Willemstad, la capital curazoleña, aunque su historia también tiene perfume europeo.
Al igual que sus compañeros, Chong emigró de muy chico a los Países Bajos para formarse en las divisiones inferiores del Feyenoord. Su carrera fue meteórica: a los 16 años ya estaba en el Manchester United y representó a las selecciones juveniles neerlandesas desde la Sub-15 hasta la Sub-21.
Recién en septiembre de 2025, el delantero decidió que era momento de representar a su tierra natal, convirtiéndose en el símbolo y el único "profeta" de un equipo que, irónicamente, se siente visitante en su propio lugar de nacimiento.
Si bien la nacionalización de jugadores es una tendencia creciente en el fútbol moderno -40 de las 48 selecciones del Mundial 2026 tienen al menos un jugador nacido en otro territorio-, lo de Curazao es un récord absoluto.
Con 25 futbolistas fuera de su lugar de origen, supera con amplitud a otras selecciones con realidades similares como la República Democrática del Congo (20), Marruecos (19) o Bosnia (17).
Incluso la Selección Argentina de Lionel Scaloni tiene sus excepciones, con los casos de Giuliano Simeone (nacido en Roma) y Nico Paz (oriundo de Tenerife).
Sin embargo, ninguna estructura se compara con la de Curazao, que funciona prácticamente como una extensión del fútbol de élite neerlandés en medio del Caribe.