Netflix se subió a la ola mundialista en toda América Latina con el estreno de “México 86”, la película protagonizada por Diego Luna. A través del humor y la sátira, cuenta una de las hazañas más insólitas del fútbol de México.
El filme narra la campaña y las operaciones del país azteca para ganar la sede de la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA por segunda vez en su historia, tras la renuncia de Colombia y frente a un poderoso rival: Estados Unidos.
Aunque parte de algunos hechos reales, algunas de esas anécdotas fueron exageradas y combinadas con elementos de ficción. Sin embargo, reflejan muy bien las absurdas maniobras que desplegó la Federación Mexicana de Fútbol Asociación (FEMEXFUT) para quedarse con el Mundial 86.
La historia real arranca en 1982, cuando el presidente colombiano Belisario Betancur Cuartas anunció que su país no organizaría el Mundial, por el fuerte clima de violencia en la guerra contra el narcotráfico.
Colombia había sido designada en 1974, pero el paso de 16 a 24 selecciones, sumado a una recesión económica y el conflicto armado, hicieron imposible cumplir con las exigencias de la "multinacional del Mundial", como la llamó el mandatario.
Ante esta vacante histórica, surgieron cuatro candidatos: Canadá, Brasil, Estados Unidos y México. Brasil se bajó rápido y Canadá no tenía estadios suficientes.
La verdadera amenaza era Estados Unidos, que contaba con el exsecretario de Estado y exconsejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger y el apoyo de leyendas como Pelé y Franz Beckenbauer.

Para contrarrestar el poder estadounidense, México armó un equipo de dirigentes y empresarios encabezado por el titular de la FEMEXFUT, Rafael del Castillo. También fue muy importante Guillermo Cañedo, mano derecha de Emilio Azcárraga, dueño de Televisa, y quien había ganado la nominación del Mundial 1970 frente a Argentina.
También formaron parte del equipo el dirigente Justino Compean, Oscar Gutiérrez (abogado que trabajaba con Cañedo), Rómulo O'Farril, Emilio Diez Barroso y Fernando Schwartz, presentador de televisión y diplomático español.
Con el apoyo del presidente Miguel de la Madrid, este grupo inició una agresiva campaña para convencer a las 24 federaciones del Consejo de la FIFA. A pesar de contar con la infraestructura del Mundial 70 y la simpatía de João Havelange, entonces presidente de la FIFA, la delegación mexicana tuvo que apelar al ingenio para no perder frente a Kissinger en la reunión decisiva en Estocolmo.
La batalla final por la elección de la sede se libró en Estocolmo, Suecia, donde se reunió el Consejo de la FIFA para desarrollar su congreso y elegir entre las tres candidaturas quién sería la que se quede con el Mundial de 1986.
La noche anterior a la votación la delegación mexicana prácticamente no durmió al darse cuenta que algunos votos que tenían asegurados estaban cambiando hacia Estados Unidos. Kissinger jugó fuerte y prometió hasta alianzas a nivel de relaciones políticas y apoyo militar. Cuando parecía que todo estaba perdido, entró a jugar el histórico Havelange que terminó inclinando la balanza para el país azteca.
El congreso de la FIFA estipulaba que cada uno de los candidatos tenía veinte minutos para hacer una presentación para argumentar por qué eran la mejor opción para ser la sede. Las delegaciones no podían escuchar a sus rivales y esperaban fuera del recinto.

Empezó Canadá y mientras México esperaba afuera pasó algo inexplicable. Francisco Javier González relata en su libro que una mujer entró al lobby del hotel y abordó al mexicano Rafael del Castillo preguntándole por la ubicación de Henry Kissinger.
La mujer lideraba 50 manifestantes que querían encarar al exsecretario de Estado por hechos vinculados al asesinato del ex primer ministro italiano Aldo Moro, en 1978. Un regalo caído del cielo para los mexicanos.
El presidente de la FEMEXFUT explicó con precisión por dónde entraría Kissinger, por la puerta de atrás. La muchedumbre obedeció y fueron hasta el lugar para esperar al estadounidense.
Después del turno de México, cuando Kissinger y la delegación quisieron entrar al recinto se armó un escándalo que impidió que llegaran a tiempo. El incidente retrasó el ingreso de Estados Unidos y Havelange les llamó la atención. Les dijo que de los 20 minutos que tenían, ya solo le quedaban 10.
Sobre lo que finalmente pasó durante la votación del congreso de la FIFA existen dos versiones. Una es que Havelange cambió el orden en el que estaban sentados los congresales de las federaciones.
En vez de que sea por orden alfabético, organizó en primer lugar a las personas que estaba seguro que votarían por México para provocar un "efecto del carro ganador” e influir en el voto del resto.
Sin embargo, otra teoría defendida por el empresario argentino Daniel Grinbank, que trabajó con el hijo de Cañedo, asegura que directamente el presidente de la FIFA ni si quiera dio lugar a que se votara.
Después de las presentaciones de los tres países, supuestamente el histórico dirigente deportivo preguntó si todos habían leído el informe preparado por la Comisión Especial. El documento decía que aunque Canadá y Estados Unidos tenían muy buenos estadios, hotelería y autopistas, carecían del "calor popular" que México sí tenía.
Se supone que todos respondieron que sí y Havelange preguntó si había alguna observación o reparo. El presidente volvió a insistir, pero nadie dijo nada. Entonces consideró aprobado el informe y por eso, se determinaba que México reunía las mejores condiciones para llevar a cabo el Mundial 86.
Un representante de África intentó preguntar si se iba a votar. Según esta versión, Havelange se enojó tanto que golpeó la mesa y dijo: "Nadie objetó nada del informe y en el informe México es el mejor evaluado, entonces es la sede del próximo mundial".