El Mundial 2026 no será solo el más grande de la historia por sus 48 selecciones. También será un torneo atravesado por contrastes políticos fuertes. Entre los clasificados aparecen Irán y Uzbekistán, dos equipos asiáticos que llegan por mérito deportivo, pero representan a países ubicados por Freedom House dentro de la categoría “Not Free”. FIFA incluye a ambos dentro de la lista oficial de selecciones clasificadas para la Copa del Mundo de Canadá, México y Estados Unidos.
En Irán, el dato político es especialmente severo. Freedom House le asigna 10 puntos sobre 100 y describe un sistema donde el poder final queda en manos del líder supremo y de instituciones no electas bajo su control. El informe también señala restricciones sobre candidatos, oposición, libertades civiles y disidencia interna. La selección iraní no llega sola al Mundial: llega acompañada por una pregunta sobre cómo convive el deporte global con un régimen de control político intenso.
Uzbekistán tiene una historia deportiva distinta, porque jugará su primer Mundial. FIFA remarcó la clasificación histórica del seleccionado uzbeko, que consiguió su boleto por primera vez para 2026. Pero el país también aparece bajo observación política: Freedom House lo califica como “Not Free”, con 12 puntos sobre 100, apenas por encima de Irán en la escala global de libertades.
Ese contraste vuelve más incómodo el cuadro. En la cancha, Uzbekistán será una historia de debut, crecimiento futbolístico y orgullo nacional. Fuera de la cancha, el país integra el grupo de Estados donde la competencia política, las libertades civiles y el espacio público siguen fuertemente restringidos según mediciones internacionales. El Mundial, entonces, funciona como vidriera deportiva y también como escaparate involuntario de sistemas políticos cerrados.

Para Argentina, el tema tiene valor editorial porque el Mundial no se consume solo como deporte. La Selección argentina compartirá torneo con equipos que representan realidades políticas muy distintas, desde democracias consolidadas hasta regímenes autoritarios. En esa mezcla, el fútbol opera como lenguaje común, pero no borra el contexto de poder que cada país lleva detrás.

La clave es no cargar sobre los futbolistas una responsabilidad que corresponde a los gobiernos. Irán y Uzbekistán clasificaron por rendimiento deportivo y sus jugadores competirán como profesionales. El dato relevante está en otro plano: el Mundial 2026 mostrará que la globalización del fútbol también incluye Estados con baja libertad política. Para Argentina y para toda la región, esa tensión deja una pregunta concreta: hasta dónde el deporte puede unir audiencias sin dejar de mirar los sistemas que usan esa visibilidad como capital simbólico.
La selección de Irán afronta el Mundial 2026 con el orgullo de representar a la nación iraní. Con determinación, unidad y el apoyo de 90 millones de aficionados, Team Melli buscará dejar su huella en el escenario más grande del fútbol mundial.#MundialDeFútbol #WorldCup2026… pic.twitter.com/Zu1BSGwKh9
— Embajada de Irán en España (@IraninSpain) June 9, 2026