A días del arranque del Mundial 2026, la venta de tickets para la Copa del Mundo en Estados Unidos, México y Canadá ya no se parece a la de ningún otro evento deportivo.
La FIFA tomó por primera vez el control total del proceso, desplazó a los operadores locales y aplicó un modelo de precios dinámicos que sube los valores cuando crece la demanda, como hacen las aerolíneas.
En el marketplace oficial de la FIFA, la entrada más barata para la final del 19 de julio en East Rutherford ronda los USD 16.000, y hubo cuatro tickets listados a USD 2,3 millones cada uno. Para los partidos de grupos el precio promedio es de USD 200, pero el mínimo para la final ya quedó en USD 2.030.
El partido inaugural de Estados Unidos contra Paraguay en Los Ángeles tenía aún a comienzos de abril miles de butacas sin vender: el estadio de 70.000 espectadores apenas registraba un 58% del aforo, con precios de USD 1.940 para la categoría 2 y USD 2.735 para la 1. Las categorías más accesibles, en cambio, volaron rápido.
La estrategia del organismo se conoce como slow ticketing. Consiste en liberar los tickets en fases sucesivas para mantener la sensación de escasez y empujar a la gente a comprar más rápido y a precios más altos, aun cuando todavía queden miles de butacas disponibles.

Por eso, mientras la FIFA aseguraba públicamente que muchos partidos estaban "agotados", boletos seguían apareciendo en sus canales oficiales sin la etiqueta de disponibilidad limitada.
Las categorías 1 y 2 del debut estadounidense estuvieron a la venta durante días, lo que activó las alarmas dentro del propio fútbol estadounidense por el riesgo de gradas semivacías en el partido de los anfitriones.
El segundo gran movimiento es la reventa oficial dentro del propio sitio de FIFA. El organismo creó un marketplace donde los hinchas pueden volver a poner en venta sus entradas, pero con una comisión del 15% al vendedor y otro 15% al comprador.
Es decir, la FIFA cobra dos veces sobre el mismo ticket: una al venderlo y otra al revenderlo. En las últimas semanas, sin embargo, el modelo empezó a mostrar grietas.
El precio promedio en el mercado de reventa cayó un 21,2% en el último mes y la entrada más barata bajó de USD 720 a USD 567 en ese mismo período. La caída alcanza a 87 de los 91 partidos programados en Estados Unidos y Canadá, según los datos disponibles.

Los fiscales de Nueva York y Nueva Jersey ya iniciaron una investigación a la FIFA por "prácticas engañosas" e "inflar artificialmente los precios". Legisladores estadounidenses sumaron sus críticas y advirtieron que el modelo de precios dinámicos "es excluyente desde lo financiero y contradice la visión presentada para el torneo".
A esto se suma la asimetría regional: en México la reventa está restringida a valores nominales o inferiores y solo pueden comprar ciudadanos mexicanos, mientras que en Estados Unidos y Canadá el mercado quedó liberado.
El modelo, definido por la prensa especializada estadounidense como una estrategia moderna llevada al extremo, dejó a la FIFA con una recaudación récord proyectada y, en paralelo, con el fantasma de los estadios vacíos rondando los primeros partidos.