10/06/2026 - Edición Nº1219

Cultura


Pasión y escenario

Estrena en Paraná una obra que invita a hablar sin miedo de emociones y masculinidades

10/06/2026 | El maestro y coreógrafo entrerriano habló sobre su historia, el estreno de su nueva obra y la necesidad de una danza más inclusiva y federal.



En una nueva edición de El Living de NewsDigitales, Rodolfo Romero abrió las puertas de su historia personal y profesional para recorrer un camino que comenzó cuando apenas tenía siete años. Aquel día, durante una presentación artística en la Fiesta de la Pesca Variada de Río (Paraná, Entre Ríos), le dijo a su madre que quería estar arriba del escenario. Ella lo escuchó y lo anotó en una academia de danza. El resto fue una vida dedicada al arte.

“Tuve la suerte de poder dedicarme a algo que amaba”, cuenta Romero, que hoy, a los 52 años, acumula una extensa trayectoria como bailarín, docente y coreógrafo. Sus primeros pasos fueron en el folklore, una disciplina con la que todavía mantiene una fuerte conexión por sus raíces litoraleñas.

La llegada a Paraná para estudiar Comunicación Social terminó cambiando definitivamente su destino. Allí conoció al maestro del Teatro Colón Alejandro Toto, quien lo alentó a probar suerte en el Instituto Superior de Arte. Poco después consiguió su primer trabajo como bailarín en un programa protagonizado por Lolita Torres. El dinero de aquellas presentaciones le alcanzó para pagar varios meses de la pensión donde vivía y, sobre todo, le confirmó que era posible vivir del arte.

“Lo más difícil es animarse. Muchas veces te dicen que de esto no se puede vivir, pero no siempre es así. Hay que dar ese salto de fe”, asegura.

Una obra para hablar de las emociones

El próximo 18 de junio estrenará en La Vieja Usina de Paraná una nueva versión de La consagración de la primavera, de Igor Stravinski, una obra que viene imaginando desde hace años y que pone el foco en las masculinidades y las emociones.

La propuesta, interpretada por ocho bailarines de distintas formaciones, invita a reflexionar sobre las conductas heredadas y las formas en que los hombres aprenden a ocultar sus sentimientos.

Creo que tenemos miedo de mostrarnos vulnerables y ahí empiezan muchas cosas nocivas. Nos enseñaron que los hombres no lloran y eso es una mentira. Yo lloro todo el tiempo y no por eso soy más o menos hombre”, sostiene.

Para Romero, la sociedad sigue empujando a los varones a desempeñar un papel de fortaleza permanente y eso termina alejándolos de sus propias emociones. “Hay que perder el miedo a amar y a decir lo que nos pasa”, resume.

Enseñar desde el respeto

Además de su trabajo sobre los escenarios, Romero lleva más de quince años dedicado a la docencia. Asegura que con el tiempo descubrió que enseñar también era una forma de seguir aprendiendo.

“No me siento en un lugar de superioridad. Yo estudio con mis alumnos. Cada cuerpo es distinto y cada persona necesita tiempos diferentes”, explica.

Esa mirada también lo llevó a alejarse de los espacios tóxicos y a construir equipos donde prime el respeto. “El arte no puede ser un lugar de violencia. Se puede trabajar bien, con exigencia y profesionalismo, pero sin maltrato”, afirma.

Una lucha por la danza federal

Comprometido con la realidad del sector, Romero también participa activamente del reclamo por una Ley Nacional de Danza. Considera que la falta de políticas públicas limita el acceso de muchos jóvenes a la formación artística y obliga a que gran parte del esfuerzo recaiga sobre instituciones privadas.

“Cuando no existen políticas de apoyo, la danza se vuelve algo elitista. Y hay muchísimo talento en el interior del país que necesita oportunidades”, señala.

Convencido de que la cultura forma parte de la identidad de una sociedad, Romero insiste en que los artistas también son trabajadores. “Movemos economías, generamos trabajo y representamos a nuestras provincias y al país. Está bueno que eso también sea reconocido”, concluye.

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