11/06/2026 - Edición Nº1220

Internacionales

Crisis humanitaria

Ébola en Congo: bebés huérfanos, guerra y una epidemia que alarma al mundo

11/06/2026 | Bebés de un orfanato quedaron en el centro del brote, en una región marcada por violencia, hambre y falta de atención médica.



La historia de Buswaza duró menos de dos semanas. La beba nació en el este de la República Democrática del Congo y, tras la muerte de su madre, fue trasladada a un orfanato administrado por monjas en la ciudad de Bunia. Poco después comenzó con fiebre. Días más tarde murió. Los análisis confirmaron lo peor: tenía ébola.

Su caso encendió las alarmas en el hogar, donde viven 69 niños, muchos de ellos huérfanos por la violencia que golpea desde hace años a esta región africana. Tras su fallecimiento, otros bebés fueron aislados por sospechas de contagio. Entre ellos estaba una pequeña conocida como "Cherie", una de tres hermanas trillizas. También perdió la vida.

Las dos niñas se convirtieron en el rostro más doloroso de un brote que ya dejó cientos de contagios y más de un centenar de muertos.

Aunque el ébola suele asociarse con imágenes de adultos en centros de tratamiento, los especialistas advierten que los niños pequeños enfrentan riesgos aún mayores. El virus se transmite por contacto con fluidos corporales y puede estar presente durante el embarazo, el parto o la lactancia, por lo que los recién nacidos pueden quedar expuestos desde sus primeros días de vida.

La situación es especialmente preocupante en Ituri, una provincia atravesada por décadas de enfrentamientos armados. Muchas familias fueron desplazadas por la violencia y miles de menores quedaron sin hogar o separados de sus padres.


Personal sanitario utiliza trajes especiales para atender a pacientes sospechosos de ébola y evitar nuevos contagios.

La epidemia avanza en uno de los lugares más vulnerables del planeta.

A la emergencia sanitaria se suman altos índices de desnutrición infantil, dificultades para acceder a atención médica y campañas de vacunación incompletas. En ese contexto, una infección puede convertirse rápidamente en una sentencia de muerte. Cada día, equipos sanitarios visitan el orfanato para controlar a los niños y al personal. Algunas cuidadoras y una religiosa también dieron positivo y reciben tratamiento.

Mientras tanto, las monjas continúan con una rutina marcada por la incertidumbre. Rezan por los enfermos, acompañan a los sobrevivientes y cuidan a quienes todavía esperan una oportunidad.

En una región acostumbrada a convivir con la guerra, el hambre y los desplazamientos, el ébola encontró a sus víctimas más indefensas: los niños que ya lo habían perdido todo.