Dos días después de la desaparición de Agostina Vega, cuando la búsqueda de la adolescente ya movilizaba a familiares, vecinos y fuerzas de seguridad, Claudio Barrelier y Soledad Andreani realizaron una compra en una ferretería de Córdoba. En aquel momento nadie reparó en la escena. Hoy, con ambos detenidos en el marco de la investigación por el femicidio, esas imágenes adquirieron un significado completamente distinto.
La propietaria del comercio donde fueron registrados por cámaras de seguridad recordó el episodio y aseguró que nada en el comportamiento de la pareja llamó su atención. “Los vi a los dos y los atendí como a cualquier cliente que viene. Para mí fue todo normal”, relató.
Las grabaciones corresponden al mediodía del 25 de mayo y muestran a Barrelier y Andreani en una ferretería de la ciudad. Para los investigadores, las imágenes son relevantes porque fueron captadas en una franja horaria que quedó incorporada a la reconstrucción de los movimientos de ambos sospechosos durante los días posteriores a la desaparición de Agostina.
Según contó la comerciante, fue Andreani quien descendió del vehículo e ingresó al local para realizar las compras. “Estaba hablando por teléfono, supuestamente con unos albañiles que estaban trabajando en una casa. Después cortó la llamada y consultó algunas cosas con el chico que estaba en el auto”, explicó.

La mujer señaló que Barrelier permaneció dentro del vehículo durante casi toda la operación. Recién bajó cuando Andreani le hizo señas para ayudarla a cargar unas bolsas. “Eran de aproximadamente cinco kilos”, recordó.
La escena, según su descripción, fue absolutamente cotidiana. No observó nerviosismo, discusiones ni actitudes extrañas. Tampoco reconoció ningún rasgo que pudiera vincular a los compradores con la investigación que por esas horas comenzaba a ganar repercusión pública.
“Los dos estaban bien vestidos, comunes y corrientes. Él no estaba encapuchado ni tenía nada que le tapara la cara”, destacó la comerciante, quien además recordó que la compra fue abonada en efectivo por Andreani.
El dato cobra relevancia porque para entonces ya se había difundido la desaparición de Agostina, aunque todavía no existían demasiados elementos sobre lo ocurrido. “Hasta ese momento solo se sabía que había desaparecido una nena y se hablaba de un auto rojo. Yo nunca me imaginé nada”, explicó.
La declaración de la comerciante se suma a una serie de testimonios y registros de cámaras que los investigadores analizan para reconstruir con precisión los movimientos de los acusados durante las horas y los días posteriores al crimen.
En la causa, Barrelier está acusado de femicidio y permanece detenido desde fines de mayo. La autopsia determinó que Agostina murió por asfixia mecánica y reveló además indicios de agresión sexual. Los investigadores sostienen que el ataque ocurrió en la vivienda del acusado, ubicada en el barrio Cofico de la capital cordobesa.
Andreani, por su parte, también se encuentra detenida y es investigada por su presunta participación en distintos episodios posteriores al asesinato. La Justicia intenta determinar cuál fue su grado de conocimiento sobre lo ocurrido y qué papel desempeñó en los movimientos que quedaron registrados por las cámaras de seguridad.
Mientras avanza la investigación, aquella compra que para una comerciante fue apenas una operación más de una jornada habitual pasó a convertirse en una de las escenas que la Justicia analiza para completar el rompecabezas de uno de los casos más conmocionantes de Córdoba.