Aunque en los últimos años se implementaron diversos cambios administrativos vinculados con la licencia de conducir en Argentina, como la incorporación del documento digital en Mi Argentina y la posibilidad de realizar algunos trámites de manera remota, los requisitos vinculados con la aptitud física y mental de los conductores continúan siendo obligatorios.
Tanto quienes buscan obtener el registro por primera vez como aquellos que deben renovarlo tienen que superar una serie de evaluaciones destinadas a comprobar que cuentan con las condiciones necesarias para conducir de manera segura.
La Ley Nacional de Tránsito establece la obligatoriedad de aprobar un examen médico psicofísico para acceder a la licencia de conducir. Esta instancia tiene como finalidad verificar la aptitud física, visual, auditiva y psicológica de los aspirantes.
Además de revisar antecedentes médicos, los profesionales analizan aspectos como la movilidad, la coordinación motriz, los reflejos y otras capacidades esenciales para desenvolverse al volante sin poner en riesgo la seguridad vial.

La vista es uno de los sentidos más importantes para la conducción y, por eso, la evaluación oftalmológica constituye una de las pruebas centrales del examen.
Los controles permiten determinar la agudeza visual y el campo visual del conductor, es decir, su capacidad para detectar señales de tránsito, peatones, vehículos y obstáculos presentes en la vía pública.
Durante la prueba suelen utilizarse las tradicionales tablas de letras o símbolos para medir la visión a distintas distancias. También pueden realizarse estudios complementarios para evaluar la amplitud del campo visual y detectar problemas frente al encandilamiento.
Las personas que utilizan anteojos o lentes de contacto pueden rendir con ellos. En esos casos, si resultan aptas, la licencia se emite con la obligación de conducir utilizando esa corrección visual.

La capacidad auditiva también forma parte de las exigencias para obtener el registro. El objetivo es asegurar que el conductor pueda percibir señales sonoras importantes, como bocinas, alarmas y sirenas de vehículos de emergencia.
En los últimos años, la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) incorporó criterios más flexibles para personas con hipoacusia severa o anacusia. De esta manera, la evaluación se centra en la capacidad funcional del conductor y en las adaptaciones del vehículo, y no exclusivamente en el grado de pérdida auditiva.
La evaluación psicológica es otra de las instancias obligatorias para acceder a la licencia. Su finalidad es determinar si la persona reúne las condiciones cognitivas y emocionales necesarias para conducir.
En muchas jurisdicciones, incluida la Ciudad de Buenos Aires, suele utilizarse el Test de Bender, una prueba basada en la reproducción de figuras geométricas que permite analizar la coordinación visomotora, la percepción espacial, la atención y la capacidad de concentración.
Los especialistas también observan la manera en que el aspirante responde a las consignas, su nivel de organización y su comportamiento durante la evaluación.

El examen psicofísico incluye además una evaluación médica integral en la que se verifican reflejos, movilidad y coordinación motriz, además de la presencia de enfermedades o tratamientos que puedan interferir con una conducción segura.
Según la edad del solicitante, la categoría de licencia requerida o los antecedentes médicos declarados, los profesionales pueden solicitar estudios adicionales antes de emitir el apto definitivo.
Una vez superadas las evaluaciones médicas, quienes tramitan la licencia por primera vez deben aprobar el examen práctico de manejo.
La modalidad puede variar según cada jurisdicción, aunque generalmente contempla maniobras básicas y ejercicios de conducción destinados a comprobar la habilidad del conductor. Entre ellos se encuentran:
En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, la prueba se realiza en la vía pública mediante vehículos de doble comando y bajo la supervisión de agentes especializados.
Antes de rendir la prueba práctica, los aspirantes deben aprobar una evaluación teórica sobre normas de tránsito y seguridad vial.
El examen incluye preguntas sobre señalización, prioridades de paso, conducción responsable y conceptos básicos relacionados con el funcionamiento del vehículo.
La aprobación de esta instancia continúa siendo obligatoria en todo el país y, en la mayoría de las jurisdicciones, constituye un requisito indispensable para acceder posteriormente al examen práctico.
Más allá de las modificaciones implementadas en los procedimientos administrativos y la digitalización de algunos trámites, el sistema de otorgamiento de licencias mantiene la exigencia fundamental de acreditar que el conductor posee las condiciones físicas, sensoriales y psicológicas necesarias para circular.
De esta manera, las autoridades buscan garantizar que quienes obtienen o renuevan el registro cuenten con las aptitudes indispensables para desenvolverse de manera segura en la vía pública y contribuir a una mejor convivencia vial.