Durante años fue una postal inevitable de Necochea. Imponente, frente al mar y con una historia marcada por el esplendor, el deterioro y el abandono. Este miércoles, el histórico Casino de Necochea dio un paso que podría cambiar su destino: fue adquirido por una empresa privada en una subasta pública que puso fin a casi una década de incertidumbre sobre el futuro del complejo.
La firma A Toda Vela Mar S.A. se quedó con el predio tras presentar una oferta de 4.878 millones de pesos, convirtiéndose en la nueva propietaria de una parte significativa de uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad.
La subasta se desarrolló en dependencias municipales y estuvo encabezada por la martillera Mariana Ortega, con la presencia del intendente Arturo Rojas y otras autoridades locales. Sin embargo, el proceso tuvo una particularidad: la empresa fue la única oferente, por lo que el acto terminó teniendo un carácter prácticamente protocolar.

La operación incluyó la adquisición de varios sectores estratégicos del complejo. Entre ellos figuran la sala de juegos, la confitería, el bowling, la pista de patinaje y el estacionamiento ubicado detrás del edificio principal.
No obstante, parte del predio permanecerá bajo control público. La calle que separa el edificio principal del estacionamiento continuará siendo propiedad de la Municipalidad de Necochea.
La venta marca un punto de inflexión para una construcción que durante décadas fue símbolo del desarrollo turístico de la ciudad y que en los últimos años se convirtió en una de las imágenes más visibles del deterioro urbano frente al mar.
La historia del Casino comenzó a principios de la década de 1970. El complejo fue inaugurado en febrero de 1973 luego de cinco años de trabajos y fue concebido como una obra de gran impacto arquitectónico y urbanístico para la época.
Su construcción implicó una transformación profunda del paisaje costero. Para garantizar la vista al mar fue necesario remover un médano de doce metros de altura, una intervención inédita que permitió emplazar un edificio de dimensiones monumentales frente a la playa.

Dos años después se completó una segunda etapa que amplió considerablemente la propuesta recreativa. A comienzos de 1975 se habilitaron el Teatro Auditorium, con capacidad para 350 espectadores, además de una boite, piscina, sauna, pista de patinaje, bowling y otros espacios destinados al entretenimiento.
Durante sus primeros años, el complejo se consolidó como uno de los principales polos turísticos y culturales de la costa bonaerense. Sin embargo, esa etapa de auge no duró demasiado.
A fines de la década del setenta comenzaron a evidenciarse problemas de mantenimiento que afectaron distintas áreas del edificio. A eso se sumaron tres incendios que provocaron daños en la estructura y aceleraron el proceso de deterioro.
En 1997 el complejo pasó a manos de la Municipalidad de Necochea. Pese a distintos intentos por reactivarlo, nunca logró recuperar el brillo de sus mejores años. La situación se agravó con el paso del tiempo y terminó derivando en el cierre progresivo de los distintos espacios comerciales.
El golpe final llegó en 2016, cuando vencieron las últimas concesiones que permanecían activas. Desde entonces, el edificio quedó prácticamente abandonado, convertido en una estructura gigantesca frente al mar que recordaba un pasado de esplendor cada vez más lejano.
La adquisición concretada este miércoles abre ahora una nueva etapa. Aunque todavía no se difundieron detalles sobre los proyectos que impulsará la empresa compradora, en Necochea la expectativa está puesta en saber si la operación permitirá recuperar un edificio que forma parte de la identidad histórica, turística y cultural de la ciudad.