Steven Spielberg reveló finalmente el motivo de peso por el cual decidió dar un paso al costado y rechazar la oportunidad de dirigir la primera adaptación cinematográfica de Harry Potter a finales de la década de 1990. A pesar de haber estado profundamente involucrado en las fases iniciales del proyecto junto a la autora J.K. Rowling y los ejecutivos de Warner Bros., el director optó por abandonar el mundo de Hogwarts. La razón detrás de esta drástica e inesperada decisión estuvo ligada a un compromiso surgido tras el fallecimiento de Stanley Kubrick en 1999.
Durante una reciente entrevista con la cadena TCM, Spielberg detalló que el punto de quiebre ocurrió precisamente durante el funeral de Kubrick, celebrado en la residencia del fallecido realizador. En ese emotivo contexto, Christiane Kubrick, viuda del cineasta, y su hermano Jan Harlan, se acercaron al director de Tiburón para proponerle formalmente que asumiera el control del proyecto cinematográfico que Stanley Kubrick había estado desarrollando con recelo durante décadas. La familia buscaba cumplir la voluntad expresa del propio Kubrick, quien siempre consideró a Spielberg como el candidato ideal para materializar su visión.

Según las propias declaraciones del cineasta, su vinculación con la saga del joven mago estaba mucho más avanzada de lo que los reportes de la época sugerían, al punto de haber firmado ya el contrato para hacerse cargo de la filmación. El realizador rememoró aquel complejo dilema profesional explicando: "De hecho, me alejé de Harry Potter, la cual estaba programado para dirigir como mi próxima película. Renuncié a ella. Iba a ser una película enorme porque el libro ya era un fenómeno cultural desbocado. Renuncié a eso para hacer esencialmente A.I. Inteligencia Artificial".
La producción de A.I. Inteligencia Artificial representaba uno de los proyectos inconclusos más ambiciosos y personales de Kubrick, quien había dedicado más de veinte años a su desarrollo desde los años 70 a través de múltiples versiones de guion. El director había postergado la filmación a la espera de que los avances tecnológicos en efectos visuales permitieran retratar con absoluta fidelidad al niño androide protagonista. Ante la muerte del director, Spielberg asumió la enorme responsabilidad de honrar su memoria y retomar un legado que corría el riesgo de quedar archivado para siempre.

La renuncia de Spielberg permitió que el director de Mi pobre angelito, Chris Columbus, tomara las riendas de la franquicia mágica, dirigiendo con gran éxito las dos primeras entregas estrenadas en 2001 y 2002. Por su parte, la decisión de Spielberg demostró ser sumamente acertada desde una perspectiva estrictamente artística. El haber esquivado el compromiso a largo plazo que exigía la saga británica le dio la libertad creativa necesaria para encadenar una de las etapas más brillantes y prolíficas de su carrera entre 2001 y 2005, entregando obras maestras de la talla de Minority Report, Atrápame si puedes y Munich.