El país ya no era el mismo que había disputado la final del Mundial de 1930. Cuatro años después, la Argentina transitaba los primeros años de la llamada Década Infame, inaugurada por el golpe militar que derrocó a Hipólito Yrigoyen en septiembre de 1930.
Bajo la presidencia de Agustín P. Justo, sostenida por elecciones atravesadas por el fraude y la proscripción del radicalismo, el sistema político se apoyaba en acuerdos entre sectores conservadores, represión de opositores y negocios favorecidos por el Estado.
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— 𝐀𝐅𝐀 𝐄𝐍 𝐋𝐀 𝐂𝐎𝐏𝐀 (@AFAEnLaCopa) May 27, 2025
Italia 1934, un mundial con campeones argentinos, en el que Argentina fue representada por futbolistas amateurs dirigidos por un técnico italiano.
“Nosotros, los chacareros, les vamos a demostrar a los profesionales que también somos argentinos en el torneo de Roma." pic.twitter.com/ZngGWRBLCf
En ese clima de deterioro institucional también afloraron las disputas dentro del fútbol argentino, que llegarían a afectar directamente la participación mundialista.
La profesionalización del fútbol argentino en 1931 había generado una situación insólita. Los mejores jugadores del país actuaban en la Liga Argentina de Football, el torneo profesional donde brillaban figuras como Bernabé Ferreyra y Francisco Varallo. Sin embargo, aquella liga no estaba afiliada a la FIFA.
La representación internacional seguía en manos de la Asociación Argentina de Football, vinculada a clubes amateurs y entidades del interior. A la disputa institucional se sumó el boicot impulsado por Uruguay como respuesta a la escasa presencia europea en el Mundial de 1930.

La dirigencia profesional argentina decidió acompañar esa postura y se negó a ceder a sus principales figuras. Entre cuestiones políticas, rivalidades y temores a perder jugadores ante los clubes europeos, la selección quedó desmantelada antes de comenzar.
La solución fue tan improvisada como inevitable. Se armó un plantel compuesto por futbolistas amateurs provenientes de clubes modestos como Defensores de Belgrano, Dock Sud y Sportivo Buenos Aires, además de jugadores del interior del país.
Conducidos por Filippo Pascucci, los futbolistas emprendieron una travesía de más de 13.000 kilómetros por barco rumbo a Europa. El equipo prácticamente llegó a Italia sin preparación competitiva y con más horas de navegación que de entrenamiento.
El 27 de mayo de 1934, Argentina enfrentó a Suecia en el estadio Littoriale de Bolonia. A pesar de la diferencia de experiencia y jerarquía, el conjunto nacional ofreció una actuación digna.
Ernesto Belis abrió el marcador y Alberto Galateo convirtió el segundo tanto argentino. Sin embargo, la mayor preparación de los suecos terminó inclinando la balanza y el encuentro finalizó 3-2 para los europeos.
Como el torneo se disputaba bajo el sistema de eliminación directa desde la primera ronda, la derrota significó el regreso inmediato a casa. La participación argentina había terminado después de apenas noventa minutos.
La gran paradoja de aquel Mundial ocurrió del otro lado del campo. Mientras la selección argentina era eliminada con un plantel amateur, cuatro futbolistas nacidos en el país terminaron levantando la Copa del Mundo con Italia. Los jugadores "importados" por Italia fueron Luis Monti, Atilio Demaría, Raimundo Orsi y Enrique Guaita.

Los llamados "oriundi" habían emigrado a Europa atraídos por el profesionalismo y mejores condiciones económicas. El régimen fascista de Benito Mussolini los convirtió en una pieza central de su maquinaria propagandística. Integraron el equipo que conquistó el primer título mundial para Italia y quedaron para siempre ligados a una de las historias más controvertidas de la Copa del Mundo.
Más allá de la experiencia argentina, Italia 1934 estuvo atravesado por la utilización política del deporte por parte del régimen fascista. Uruguay, campeón vigente, decidió no participar como represalia por la ausencia de numerosas selecciones europeas en Montevideo 1930. Los cuatro representantes no europeos -Argentina, Brasil, Estados Unidos y Egipto- quedaron eliminados en la primera ronda, dejando el resto del torneo exclusivamente en manos de equipos del continente anfitrión.

Uno de los episodios más polémicos se produjo en los cuartos de final entre Italia y España. Tras un áspero empate 1-1, marcado por el juego brusco y las sospechas sobre la actuación arbitral, el conjunto local se impuso 1-0 en el partido de desempate y avanzó a semifinales.
El partido por el tercer puesto hizo su debut en la historia de los Mundiales. Allí, Alemania derrotó a Austria por 3-2 y se quedó con la medalla de bronce.
La final se disputó el 10 de junio de 1934 entre Italia y Checoslovaquia. Los checoslovacos sorprendieron al adelantarse en el marcador cuando restaban apenas veinte minutos para el cierre. Pero el equipo local reaccionó, igualó el encuentro y terminó imponiéndose 2-1 en tiempo suplementario. El argentino Raimundo Orsi fue clave en el resultado al lograr el gol del empate.
Ante la mirada de Mussolini y bajo una presión política gigantesca, Italia conquistó su primera Copa del Mundo. Los italianos tenían buenas razones para reaccionar. En la víspera de la final, el régimen le hizo saber al plantel que la única forma de salir con vida era ganando la copa.
El fiasco organizativo de 1934 y otras razones extradeportivas marcaron el inicio de la larga ausencia internacional de la Selección Argentina. Nuestro país no participó en los Mundiales de 1938, 1950 y 1954. Hubo que esperar hasta 1958 para ver a la Albiceleste otra vez entre los mejores equipos del planeta.