Las recientes declaraciones de Donald Trump, Marco Rubio y Pete Hegseth reavivaron un debate propio de la guerra fría: ¿Puede Estados Unidos intervenir militarmente Cuba? Aunque una invasión militar a gran escala pueda parecer improbable. Cuba enfrenta una realidad sin precedentes, atravesando el periodo de mayor debilidad estratégico en su historia reciente.
En los últimos meses, Estados Unidos comenzó a presionar activamente a Cuba, amenazando con una intervención directa. Una situación que no solo quedó en el plano discursivo, como suele ocurrir con las amenazas prematuras a las que tiene acostumbrados el presidente Donald Trump, sino que estuvo acompañada por la llegada al Caribe del portaaviones Nimitz, drones de reconocimiento detectados muy cerca del espacio aéreo cubano, el reacondicionamiento de pistas y bases militares en la región y un fortalecimiento de las capacidades de alerta de todo el Comando Norte.

Las recientes amenazas de Trump y del secretario de Estado Marco Rubio al régimen de Díaz-Canel son el resultado de una serie de factores que alimentan la posibilidad de una intervención sobre la isla. La pérdida sustancial de capacidades militares hace que Cuba, pese a seguir siendo una sociedad militarista, ya no posea un poder de combate de alto nivel bajo estándares modernos, lo que la convierte en un objetivo más accesible para Trump.
Además, sus principales aliados no están en condiciones de apoyar la defensa de la isla. Rusia y China, pese a demostrar apoyo diplomático, no tomaron medidas activas para frenar las amenazas de Estados Unidos. Por otra parte, Venezuela y México fueron desplazados por la Casa Blanca y actualmente solo aportan ayuda humanitaria.
Sumado a la política interna de Estados Unidos, Trump necesita una victoria política, además de pasar página en el conflicto con Irán. Marco Rubio, secretario de Estado y descendiente de exiliados cubanos, mantiene además una histórica rivalidad política e ideológica con el régimen castrista.
Por último, una pieza fundamental en la estrategia de presión es Estados Unidos es la base militar de Guantanamo, el enclave estadounidense dentro de la isla que ya alberga a miles de soldados dentro de la Isla. Recientemente Pete Hegsth, Secretario de Guerra de Estados Unidos, visitó la base y declaró que el ejercito está listo para cualquier contingencia que suceda dentro del país caribeño.
Cuando la Revolución cubana derrocó al dictador Fulgencio Batista y Fidel Castro tomó el poder, las relaciones con su vecino del norte se enfriaron lentamente hasta derivar en una ruptura total. Castro tomó una deriva hacia el Pacto de Varsovia y su acercamiento con el bloque soviético dio un duro golpe geopolítico a la estrategia estadounidense en una región considerada durante décadas como vital, el denominado "patio trasero" de Estados Unidos.
El acuerdo se inició formalmente con la entrada de Cuba al COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica de países socialistas), donde el país caribeño aportaba un número reducido de bienes a cambio de máquinas industriales, fertilizantes, créditos económicos y material militar. Un acuerdo muy desigual y aparentemente desfavorable para Moscú, pero que incluía la instalación de misiles con capacidad nuclear en la isla, además del apoyo político internacional al bloque socialista y la incorporación del Ejército cubano a las campañas militares impulsadas por el Pacto de Varsovia en todo el mundo, dentro del contexto de la Guerra Fría.
Cuba recibió un número destacable de equipos militares soviéticos, así como instrucción para oficiales, lo que le permitiría desarrollar en un corto período de tiempo capacidades militares sobresalientes en toda la región de América Latina y el Caribe.
A partir de los años 60, pero principalmente durante las décadas del 70 y 80, Cuba llevó a cabo campañas de apoyo militar en todo el mundo, enviando agregados militares, centenares de tanques, oficiales de instrucción y aproximadamente 80 mil soldados desplegados en el extranjero durante tres décadas de intervenciones en África, América y Asia.
Cuba brindó apoyo militar en países como Argelia, República Árabe Siria, Angola, Sudáfrica, Namibia, República del Congo, Etiopía, Eritrea, Panamá, Nicaragua, República Dominicana y Granada.

Todas estas campañas fortalecieron la instrucción militar del Ejército Revolucionario, aportando experiencia real en guerra de guerrillas y tácticas de combate contra ejércitos que, en muchas ocasiones, utilizaban armamento de la OTAN y eran apoyados por Estados Unidos. Esto le permitió adquirir capacidades para desplegar centenares de miles de soldados, algo que ningún otro país de la región, con mínimas excepciones, poseía. Una particularidad aún más llamativa si se tiene en cuenta su escasa población, que rondaba los 8 millones de habitantes.
Las campañas internacionales cubanas y el apoyo militar sucumbieron con la desintegración de la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia. La ayuda militar y económica soviética se cortó de manera abrupta y eso significó para la isla una crisis sin precedentes. Ese período fue conocido como "el Período Especial", durante el cual miles de cubanos emigraron y el régimen castrista jamás volvió a enviar soldados a cruzar el Atlántico.

Cuba ya mostró en el pasado determinación para enfrentar amenazas externas y su convicción de luchar ante una posible invasión. Sin embargo, la profunda crisis humanitaria, económica y social que atraviesa la isla parece reducir las posibilidades de una resistencia similar a la demostrada frente a amenazas exteriores en décadas pasadas.
El ejercito cubano quedó paralizado en el tiempo y jamás volvió a recuperar las capacidades que supo demostrar en todo el mundo. Los recortes económicos, la perdida de aliados sustanciales y un cambio de enfoque hacia problemas internos hizo que el ejército solo potencie su capacidad insular defensiva y se centre en la subsistencia.

Los apagones masivos debido a la falta de petróleo, los desabastecimientos de bienes de primera necesidad y la rigidez estatal como única respuesta a la presión social dentro de la isla, generan un escenario adverso puertas adentro que merma las posibilidades de cohesión social vistas durante el siglo pasado frente a la amenaza externa e incrementa los riesgos de que un frente de conflicto interno allane el camino a la amenaza estadounidense.