No toda la historia bíblica de Israel ocurre en Jerusalén. Para entender los orígenes del cristianismo también hay que mirar hacia el norte, hacia Galilea, una región de montañas, aldeas, caminos antiguos y pueblos junto al lago. Allí aparecen dos nombres fundamentales: Magdala y Cafarnaúm.
Magdala, o Migdal, está asociada a María Magdalena. Cafarnaúm, en cambio, es el lugar más vinculado a Pedro y a parte del ministerio de Jesús.
Juntas, estas dos ciudades permiten mirar el cristianismo primitivo no como una abstracción religiosa, sino como una historia situada en pueblos reales, rutas reales y comunidades reales.
Magdala se presenta hoy como un sitio de encuentro entre historia judía y cristiana. El propio sitio oficial de Magdala la describe como un lugar ubicado a orillas del Mar de Galilea y conocido como cruce de la historia judía y cristiana, además de estar asociado a María Magdalena.
Su importancia arqueológica creció especialmente por el hallazgo de una sinagoga del período del Segundo Templo. Smithsonian Magazine informó en 2021 sobre el descubrimiento de una segunda sinagoga de unos 2000 años en la antigua comunidad de Migdal, un dato excepcional porque refuerza la relevancia del lugar en tiempos del judaísmo del siglo I.
Cafarnaúm, por su parte, aparece en la tradición cristiana como una de las ciudades centrales del ministerio de Jesús en Galilea. El sitio turístico Bein Harim la describe como una ciudad ubicada en la costa norte del Mar de Galilea, con historia desde el siglo II a.C., y la vincula con Pedro, Andrés, Juan, Santiago y Mateo.
La tradición cristiana identifica allí la casa de Pedro y una sinagoga antigua. Para millones de peregrinos, caminar por Cafarnaúm es acercarse al mundo cotidiano de los primeros discípulos: pescadores, redes, barcas, caminos de tierra y pequeñas comunidades junto al lago.
Cafarnaúm ayuda a imaginar el cristianismo antes de las grandes catedrales: como una historia nacida en aldeas, casas, sinagogas y orillas de un lago.
Cafarnaúm es uno de los lugares más asociados a Pedro y al ministerio de Jesús en Galilea.La diferencia entre Jerusalén y Galilea es clave. Jerusalén concentra el final de la historia evangélica: la pasión, la crucifixión, la sepultura y la resurrección. Galilea, en cambio, permite mirar los comienzos: los discípulos, las predicaciones, las curaciones, los caminos y el contacto con comunidades locales.
Por eso, una cobertura sobre Israel que incluya religión no debería limitarse a la Ciudad Vieja de Jerusalén. Galilea ofrece otra capa: menos monumental, pero igual de importante.
Magdala y Cafarnaúm son también una oportunidad para entender que Israel más allá del conflicto contemporáneo. El país concentra capas arqueológicas, religiosas y culturales que atraen a judíos, cristianos, musulmanes, académicos, turistas y peregrinos de todo el mundo.
En esos sitios, la noticia no es solamente lo que ocurre hoy. La noticia es que hay lugares donde el pasado sigue funcionando como presente.
Y en Galilea, ese pasado todavía tiene nombre de ciudad, de lago y de camino.