12/06/2026 - Edición Nº1221

Opinión


2,1% en mayo

¿En serio van a festejar el número de la inflación?

12/06/2026 | Un aumento cercano al 2% mensual equivale a una inflación anual superior al 25%, una cifra que en la mayoría de los países sería considerada alarmante.



Cuando Javier Milei llegó al gobierno no prometió desacelerar la inflación. Prometió terminar con ella. Su campaña presidencial estuvo construida sobre una certeza que parecía indiscutible: la inflación era un fenómeno estrictamente monetario. La emisión generaba inflación y, por lo tanto, eliminando la emisión desaparecería la inflación. No había matices ni complejidades.

Los economistas tradicionales aparecían como incapaces de comprender algo que para los libertarios resultaba evidente. Dos años después, el lenguaje oficial cambió de manera significativa. Ya no se habla del fin de la inflación. Se habla de la desaceleración de la inflación. El cambio parece semántico, pero es profundamente político. Porque permite presentar como una victoria un objetivo distinto al que originalmente se había prometido.

Una categoría ideológica

La palabra desaceleración cumple una función particular dentro del relato económico del Gobierno. Permite reconocer que la inflación sigue existiendo y, al mismo tiempo, presentar el resultado como un éxito. La discusión deja de girar alrededor de la persistencia del fenómeno y pasa a concentrarse exclusivamente en la velocidad con la que avanzan los precios. El problema es que la sociedad argentina no votó una promesa de desaceleración. Votó una promesa de eliminación.

La inflación de mayo puede haber sido más baja que la de meses anteriores, pero sigue ubicando a la Argentina entre los países con mayores niveles de inflación del mundo. Un aumento cercano al 2% mensual equivale a una inflación anual superior al 25%, una cifra que en la mayoría de los países sería considerada alarmante.

¿No eran los que habían encontrado la solución?

La pregunta aparece inevitablemente. Si la inflación era exclusivamente emisión monetaria y si el Gobierno efectivamente eliminó la emisión para financiar al Tesoro, ¿por qué la inflación sigue existiendo? La respuesta obliga a reconocer algo que durante años fue negado por el propio Milei: la dinámica de precios es bastante más compleja que una única variable monetaria.

Tarifas, estructura de mercados, comportamiento empresario, expectativas, tipo de cambio, costos financieros e inercia inflacionaria forman parte de una realidad que difícilmente pueda reducirse a una sola explicación. El Gobierno encontró una solución parcial a un problema real. Lo que todavía no logró demostrar es que poseía aquella fórmula mágica que prometía durante la campaña.

El ajuste también explica el resultado

Existe además otra dimensión que suele quedar fuera de los festejos oficiales. La desaceleración inflacionaria convivió con una de las mayores contracciones económicas de los últimos años. El consumo cayó, la obra pública prácticamente desapareció, los salarios perdieron poder adquisitivo durante largos períodos, las provincias enfrentaron recortes y buena parte del aparato productivo funcionó por debajo de su capacidad.

En ese contexto, una reducción de la presión sobre los precios resulta menos sorprendente de lo que el Gobierno pretende mostrar. La pregunta entonces cambia de lugar. Ya no se trata únicamente de cuánto bajó la inflación. También importa cuánto costó bajarla.

Lo que viene después

La inflación fue la gran bandera de Milei y continúa siendo el principal argumento de defensa de su gestión. Sin embargo, a medida que los índices se estabilizan, aparecen otras preguntas que el oficialismo todavía no respondió con claridad.

Cuáles serán los sectores que impulsarán el crecimiento, dónde aparecerán las nuevas inversiones, qué actividades generarán empleo y cómo piensa insertarse la Argentina en una economía internacional cada vez más competitiva. La estabilización puede ser una condición necesaria para el desarrollo. Nunca fue una garantía suficiente.

El verdadero debate

La discusión no pasa por negar que la inflación bajó. Bajó. La discusión pasa por determinar si eso alcanza para celebrar. El Gobierno llegó prometiendo que terminaría con la inflación y hoy festeja que la inflación continúe existiendo a una velocidad menor.

Esa diferencia es demasiado importante como para pasarla por alto. Porque entre una promesa y la otra hay una distancia política considerable. Y porque una parte importante del debate económico argentino consiste justamente en responder una pregunta incómoda: si estos eran los magos capaces de eliminar la inflación, ¿por qué siguen festejando que todavía exista?

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