Elon Musk volvió a romper un récord. La salida a Bolsa de SpaceX no solo se convirtió en la mayor oferta pública inicial (IPO) de la historia, sino que además llevó la fortuna del empresario por encima de una barrera que hasta ahora parecía inalcanzable: los USD 1 billón de patrimonio.
La compañía espacial fijó el jueves el precio de su oferta pública inicial en USD 135 por acción, una colocación que permitió recaudar USD 75.000 millones y valuó a la empresa en USD 1,77 billones. Un día después, los papeles comenzaron a cotizar en el Nasdaq bajo el ticker SPCX.
El debut fue seguido de cerca por Wall Street y no decepcionó. Las acciones abrieron a USD 150, un 11% por encima del precio fijado para la oferta, impulsando la valuación de SpaceX hasta aproximadamente USD 1,96 billones.
La operación superó ampliamente los registros previos del mercado y se transformó en la mayor IPO jamás realizada.
La demanda fue tan elevada que la oferta terminó varias veces sobresuscripta. Según trascendió, los inversores minoristas presentaron órdenes por más de USD 100.000 millones, aunque finalmente sólo una parte de esos pedidos pudo ser atendida.
SpaceX reservó cerca del 20% de las acciones para pequeños inversores, una proporción inusualmente alta para una colocación de semejante magnitud.
El resultado fue un fuerte salto en el precio durante las primeras operaciones y una valuación que ubicó a la compañía entre las empresas más valiosas del planeta.

El gran ganador de la operación fue Elon Musk.
El empresario conserva el 82% de los derechos de voto de SpaceX, una participación que explica gran parte de su riqueza.
Tras la salida a Bolsa, distintas estimaciones ubican su fortuna por encima de los USD 1 billón, convirtiéndolo en la primera persona de la historia en alcanzar esa cifra.
La marca adquiere relevancia porque durante años los rankings de riqueza estuvieron dominados por empresarios como Jeff Bezos, Bernard Arnault, Bill Gates o Larry Ellison, todos ellos todavía lejos de ese umbral.
Uno de los aspectos que más debate genera en Wall Street es la relación entre la valuación de SpaceX y sus resultados financieros actuales.
La compañía registró pérdidas cercanas a USD 5.000 millones durante el último año y sus ingresos siguen siendo muy inferiores a los de gigantes tecnológicos con valoraciones similares.
Sin embargo, los inversores están apostando al potencial de crecimiento de sus negocios.
La empresa controla Starlink, la red de internet satelital más grande del mundo, lidera el mercado de lanzamientos espaciales y recientemente incorporó dentro de su estructura a xAI, la firma de inteligencia artificial impulsada por Musk.
Para muchos analistas, la combinación de conectividad satelital, exploración espacial e inteligencia artificial explica por qué el mercado está dispuesto a pagar valuaciones históricas por una compañía que todavía no genera ganancias.
La salida a Bolsa no modificó uno de los rasgos centrales de SpaceX: el control absoluto que mantiene su fundador.
Con el 82% de los derechos de voto, Musk conserva la capacidad de definir prácticamente en soledad el rumbo de la empresa.
Ese esquema genera críticas entre especialistas en gobierno corporativo, que cuestionan la escasa influencia que tendrán los accionistas minoritarios sobre las decisiones estratégicas.

Sus defensores, en cambio, sostienen que esa concentración de poder fue clave para desarrollar proyectos que durante años fueron considerados inviables por la industria aeroespacial.
Por ahora, el mercado parece haber tomado partido. El debut de SpaceX fue un éxito y consolidó a Elon Musk como la figura más poderosa del capitalismo global, con una fortuna que ya ingresó en territorio inexplorado.