14/06/2026 - Edición Nº1223

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De Etiopía 2018 a Israel 5786: el viaje en el tiempo que explica una región

14/06/2026 | El recorrido entre Etiopía e Israel no solo une dos países. También conecta dos calendarios, dos memorias históricas y dos formas de vivir el tiempo. De un país que transita el año 2018 a otro que vive el 5786 según el calendario hebreo, el viaje empieza antes de aterrizar.



A veces viajar no es solamente cambiar de país. A veces viajar es cambiar de calendario, de idioma, de ritmo histórico y de manera de mirar el mundo. Eso ocurre al salir de Etiopía y llegar a Israel.

En Etiopía, el calendario marca el año 2018. En Israel, de acuerdo al calendario hebreo, se transita el año 5786. Dicho rápido, parece una curiosidad ideal para una story. Pero cuando uno lo piensa mejor, la frase encierra una idea poderosa: este viaje también es un viaje en el tiempo.

Salir de Etiopía 2018 y llegar a Israel 5786 no es solo una rareza numérica. Es una forma de entrar en una región donde el pasado no quedó atrás. Sigue presente. Se respira en la religión, en la comida, en los nombres, en las calles, en las fiestas, en los duelos, en la política y en la manera en que las sociedades se explican a sí mismas.

Etiopía tiene una relación muy particular con el tiempo. Su calendario propio, su historia antigua, sus iglesias, su liturgia, sus paisajes y sus tradiciones generan la sensación de estar en un país que no mide los días exactamente igual que el resto del mundo. Y eso no es un dato menor. El calendario no es solo una herramienta administrativa: es una forma de identidad.

Israel también vive atravesado por su propio calendario. El calendario hebreo no está reservado únicamente para la vida religiosa. Ordena fiestas, memorias, celebraciones, duelos, fechas familiares y nacionales. En Israel, el tiempo no es una línea neutra. El tiempo tiene memoria.

Por eso la transición entre ambos países resulta tan potente. De un lado, Etiopía, con su año 2018 y su densidad histórica africana, cristiana, imperial y popular. Del otro, Israel, con su año 5786, su modernidad tecnológica, su vida democrática, sus tensiones regionales y una memoria milenaria que no pertenece al pasado: sigue actuando en el presente.

Israel es, en ese sentido, una paradoja permanente. Es antiguo y moderno al mismo tiempo. Puede ser un país de innovación, startups, tecnología militar, medicina avanzada y ciudades vibrantes. Pero también es un lugar donde cada piedra parece estar conectada con una historia anterior. La modernidad israelí convive con una antigüedad que nunca terminó de irse.

Hoy, 28 de febrero de 2026, se lleva a cabo la operación "Rugido del León".  Israel, a través de sus Fuerzas de Defensa (FDI) y con apoyo logístico y  armamentístico de Estados
Israel combina modernidad, memoria milenaria y una vida cotidiana atravesada por el calendario hebreo.

Ese choque de tiempos se siente desde el primer momento. Uno aterriza en un país con aeropuertos modernos, tecnología de seguridad, rutas, edificios, restaurantes, teléfonos, aplicaciones y una vida urbana muy intensa. Pero al mismo tiempo, cada conversación parece tener una profundidad histórica particular. Cada lugar tiene capas. Cada nombre tiene resonancias. Cada fecha significa algo.

Imágenes de Street sign israel libres de derechos | DepositPhotos

En muchas partes del mundo, el calendario sirve para organizar reuniones, vuelos, vencimientos y reservas. En lugares como Etiopía e Israel, el calendario dice algo más: de dónde venimos, qué recordamos y qué decidimos seguir siendo.

Por eso, antes de hablar de política, guerra, religión o conflicto, hay una primera puerta de entrada para entender este viaje: el tiempo.

El tiempo en Etiopía no es el mismo que en Israel. El tiempo religioso no es el mismo que el tiempo turístico. El tiempo histórico no es el mismo que el tiempo de las noticias. Y, sin embargo, todos conviven.

Viajar de Etiopía a Israel permite comprobar algo que desde lejos se pierde: en esta región, nada empieza del todo hoy. Todo viene de antes. Todo tiene memoria. Todo está conectado con relatos antiguos que siguen influyendo en la vida diaria.

Y quizás ahí esté la verdadera fuerza de esta experiencia. No se trata únicamente de visitar dos países. Se trata de atravesar dos formas de entender el pasado y el presente.

De Etiopía 2018 a Israel 5786, el viaje deja de ser una ruta aérea y se convierte en una pregunta: ¿qué significa vivir en lugares donde la historia todavía organiza el presente?