Lejos de los grandes centros de poder europeos, León XIV decidió terminar su visita a España en uno de los lugares donde se vive de manera más visible una de las crisis humanitarias más complejas del continente. El pontífice pasó sus últimos días de gira en las Islas Canarias, un territorio que se transformó en una de las principales puertas de entrada hacia Europa para miles de personas que intentan escapar de la guerra, la pobreza o la persecución.
Desde Tenerife, el Papa volvió a defender los derechos de quienes emprenden peligrosos viajes en busca de una vida mejor y denunció la actividad de las organizaciones criminales que se aprovechan de su desesperación.
Durante un encuentro con entidades de asistencia social y migrantes, lanzó un mensaje directo a las redes de trata y tráfico de personas, a las que instó a arrepentirse por lucrar con el sufrimiento humano. Sin embargo, más allá de esas palabras, el eje central de su visita estuvo puesto en la situación que atraviesan las Canarias.
Ubicado frente a la costa occidental africana y a más de mil kilómetros de la península ibérica, el archipiélago se convirtió en los últimos años en una ruta estratégica para quienes buscan llegar al territorio europeo.
La llamada ruta atlántica es considerada una de las más peligrosas del mundo. Miles de personas se embarcan cada año en pequeñas embarcaciones de madera o gomones sobrecargados para recorrer cientos de kilómetros de océano abierto. Muchos nunca llegan a destino. Las condiciones climáticas extremas, las largas distancias y la precariedad de las embarcaciones convierten cada travesía en una apuesta por la supervivencia.

Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. Mientras que en 2015 las llegadas irregulares eran inferiores a mil personas anuales, durante la última década el número creció de manera exponencial hasta alcanzar decenas de miles de migrantes por año. Organizaciones humanitarias estiman que más de 3.000 personas murieron en 2025 intentando completar la travesía.
La visita coincidió con la entrada en vigor plena del nuevo Pacto Migratorio de la Unión Europea, una reforma que busca endurecer algunos procedimientos de asilo y reforzar los controles fronterizos.
La cuestión migratoria se ha convertido en uno de los principales temas políticos del continente, enfrentando a gobiernos que reclaman mayores restricciones con organizaciones que exigen mecanismos más seguros y humanitarios para quienes buscan refugio o mejores oportunidades de vida.
España mantiene una postura relativamente más abierta que otros países europeos y puso en marcha programas para regularizar la situación de cientos de miles de personas sin documentación.

Durante su paso por un centro de acogida que recibió a decenas de miles de personas desde su apertura en 2021, León XIV escuchó testimonios de migrantes llegados desde África y América Latina.
Una de las mujeres presentes resumió el reclamo que el Papa buscó amplificar durante toda la gira: no pidió privilegios ni beneficios especiales, sino respeto, humanidad y la posibilidad de vivir con dignidad. Con ese mensaje, el pontífice convirtió a las Canarias en el símbolo de una discusión que excede a España. En una Europa marcada por conflictos, desplazamientos masivos y tensiones políticas, la migración volvió a ocupar el centro de la agenda internacional.