La caída en el precio de la urea, sumada a un escenario climático favorable y a una mejora en las expectativas de mercado, modificó las proyecciones para la campaña triguera argentina 2026/27. Luego de que semanas atrás se anticipara una reducción significativa del área sembrada por el encarecimiento de los costos de producción, los productores comenzaron a revisar sus planes y a incorporar hectáreas que inicialmente habían quedado fuera de la intención de siembra.
La mejora en la relación entre el precio del trigo y el principal fertilizante nitrogenado permitió recuperar parte del terreno perdido. De acuerdo con la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la superficie destinada al cereal pasó de una estimación de 6,66 millones de hectáreas a 6,82 millones, lo que representa un incremento de 160.000 hectáreas respecto de las proyecciones realizadas durante mayo.
Con esta corrección, la superficie triguera quedaría apenas 350.000 hectáreas por debajo del ciclo previo, cuando se alcanzó un récord de siembra. Según los cálculos de la entidad rosarina, el área proyectada para la nueva campaña sería la cuarta más alta de los últimos 17 años.
🌾Sube la intención triguera nacional en 150.000 ha
— BCR Mercados (@BCRmercados) June 11, 2026
Bajó la urea y la estimación de área pasó de 6,66 a 6,82 M ha, respecto a un mes atrás. Sería la cuarta mayor siembra triguera de los últimos 17 años.
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Hasta hace pocas semanas, las estimaciones para la cosecha 2026/27 se ubicaban entre 18 y 19 millones de toneladas. El principal factor detrás de esas previsiones era el fuerte aumento de la urea, un insumo clave para alcanzar altos niveles de productividad y calidad en el cereal. La escalada de precios había sido impulsada por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y había llevado al fertilizante a valores cercanos a los USD 1.000 por tonelada.
Sin embargo, durante el último mes la situación comenzó a revertirse. La urea descendió a un rango de entre USD 800 y USD 850 por tonelada, lo que mejoró los márgenes de los productores y abrió la posibilidad de incrementar las dosis de fertilización. A esto se sumaron expectativas más favorables para el precio internacional del trigo, en un contexto marcado por problemas climáticos en países productores como Estados Unidos, Francia y Australia.
“El trigo arrancaba con una gran piedra en el zapato, que era la urea. Pero en el último mes el fertilizante se acomodó en valores más bajos y también mejoraron las expectativas de precio para el cereal”, señaló Cristian Russo, jefe de estimaciones agrícolas de la BCR y coordinador de la GEA.
La mejora en las perspectivas económicas se complementa con un escenario climático que acompaña el desarrollo de la campaña. Las lluvias registradas entre el final del verano y el comienzo del otoño permitieron recargar los perfiles de humedad en gran parte de la región agrícola. Posteriormente, un mayo con escasas precipitaciones favoreció el avance de la cosecha gruesa y aceleró las tareas de implantación del trigo.
Durante junio volvieron las lluvias en zonas productivas de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa, con acumulados de entre 10 y 45 milímetros. Según la BCR, esos registros resultan relevantes para una época del año en la que las precipitaciones suelen ser reducidas y contribuyeron a mejorar las reservas hídricas de los suelos.
Con un área estimada de 6,82 millones de hectáreas, un rendimiento promedio nacional proyectado de 30,5 quintales por hectárea y descontando unas 250.000 hectáreas que no llegarían a cosecharse, la producción nacional podría alcanzar los 20 millones de toneladas si las condiciones climáticas se mantienen dentro de parámetros normales.