La actriz Rocío Hernández pasó por El Living de NewsDigitales y realizó un recorrido por su historia personal y profesional. Desde sus primeros pasos en el escenario hasta los desafíos que le planteó su presente audiovisual, la artista se mostró cercana, reflexiva y apasionada por un oficio que, según afirma, confirmó una y otra vez que era su camino.
El vínculo con la actuación nació en la infancia. Entre actos escolares, juegos y horas improvisando en su casa, la vocación apareció de manera natural. Más tarde, gracias al impulso de su madre, comenzó a estudiar comedia musical y terminó convencida de que quería dedicarse por completo al arte.
Con el respaldo de su familia, ingresó a la universidad para formarse como actriz y descubrió que la profesión requería mucho más estudio y compromiso del que muchos imaginan. “Cada paso era una reafirmación de que era por acá”, recordó.

Uno de los momentos más importantes de su carrera llegó con La casa de los espíritus, la adaptación de la obra de Isabel Allende. Tras un extenso proceso de casting, Hernández fue elegida para interpretar a Alba Trueba, la narradora de la historia y una figura clave dentro de las tres generaciones de mujeres que atraviesan la serie.
La actriz explicó que el personaje la atravesó profundamente, especialmente por las escenas vinculadas a la dictadura chilena y a los episodios de violencia que debió interpretar. “Fue el personaje más desafiante que hice hasta ahora”, aseguró.
Para afrontar esa carga emocional, recurrió a la terapia, la escritura y al acompañamiento de sus compañeras de elenco. Incluso, reconoció que necesitó tiempo después del rodaje para desprenderse de las emociones que habían quedado en el cuerpo.
Además de actuar, Hernández también desarrolla una faceta vinculada a la enseñanza. Es profesora de canto y realizó seminarios de actuación frente a cámara, una experiencia que disfruta especialmente por el intercambio con otras personas.

“Me encanta acompañar procesos y ver cómo cada uno descubre cosas de sí mismo”, señaló. Para ella, las clases de teatro tienen un valor terapéutico incluso para quienes no piensan dedicarse profesionalmente al arte.
En ese sentido, destacó la importancia del juego y de encontrar espacios donde sea posible desconectarse de las exigencias cotidianas y de las redes sociales, una relación con la que reconoce mantener un vínculo complejo.
Su recorrido teatral comenzó en el circuito independiente y pasó por diferentes musicales hasta llegar a uno de los grandes hitos de su carrera: Querido Evan, versión argentina de Dear Evan Hansen.

Allí interpretó a Zoe Murphy y vivió una experiencia que todavía recuerda con emoción. El fenómeno que se generó con el público, la identificación de los espectadores y el cariño del elenco convirtieron a la obra en un antes y un después para todos los que participaron.
“Fue cumplir un sueño de la Rochi de 15 años”, confesó sobre aquella producción que tuvo funciones en los teatros Metropolitan y Maipo.
Mientras continúa disfrutando de la repercusión de La casa de los espíritus, Hernández adelantó que en septiembre llegará Cautiva, una serie inspirada en hechos reales sobre un convento de Carmelitas Descalzas.
La producción cuenta con un destacado elenco y, según la actriz, propone sumergirse en un universo poco conocido y lleno de misterio. Además, trabaja en nuevos proyectos teatrales junto a amigos y colegas, con una fuerte impronta de comedia.

“Este es un gran año porque me permite seguir jugando, creando y disfrutando del proceso”, resumió.
Con nuevos desafíos por delante y una sensibilidad que transformó en herramienta artística, Rocío Hernández continúa construyendo una carrera en la que el escenario y las historias siguen siendo su lugar en el mundo.