En pleno arranque del Mundial 2026, Joseph Blatter, histórico expresidente de la FIFA entre 1998 y 2015, volvió a la escena pública con una andanada de críticas durísimas contra Gianni Infantino, el actual mandatario del organismo.
El suizo de 89 años eligió la previa del torneo para acusar a su sucesor de gobernar el fútbol mundial "alejado del juego, influenciado por intereses políticos y con escasa legitimidad".
Blatter habló para distintos medios europeos durante los últimos meses y concentró sus dardos en la alianza entre Infantino y Donald Trump. "La intervención del presidente estadounidense en los asuntos del Mundial es lo peor que le ha pasado a la FIFA. Y no hay oposición. Nunca hemos visto nada igual", afirmó el exdirigente, en una entrevista que recorrió todos los diarios deportivos del continente.
El otro eje de las críticas apuntó al reparto desigual de partidos entre los tres países anfitriones del Mundial. Estados Unidos concentra 78 encuentros del torneo, mientras que Canadá y México se quedan con apenas 13 cada uno, un desbalance que para Blatter rompe el sentido inicial del proyecto.

La frase que más rebotó en las últimas semanas pertenece al propio expresidente: "Es una miseria lo que le dan a Canadá y México". Blatter argumentó que cuando él presidía la FIFA y se discutía el formato de los Mundiales conjuntos siempre se trabajaba con la idea de un reparto razonablemente parejo entre los anfitriones, y que la decisión actual deja a dos países casi como invitados de honor.
El expresidente fue más allá y vinculó la decisión a la presión política de Washington. Esperaba "una cuota más equitativa para todos" y dijo abiertamente que el formato actual responde a los intereses de la administración Trump, no a los del fútbol mundial.
La crítica resonó con fuerza en México y Canadá, donde varios dirigentes coincidieron en privado con el diagnóstico de Blatter aunque sin sumarse a sus declaraciones públicas.
Blatter también puso bajo la lupa el premio FIFA de la Paz que se le entregó a Donald Trump durante el sorteo del Mundial. "Es casi como si lo hubieran inventado; da la sensación de que es un comediante", ironizó el expresidente sobre la decisión.
Y agregó que Infantino "juega este juego con virtuosismo", en una crítica directa al estilo de gestión política del actual mandatario. La crítica más comentada de todas, sin embargo, fue otra.
Blatter sugirió que el trofeo del Mundial "tal vez ya esté en la Casa Blanca", en alusión a la cercanía exhibida por Infantino con el presidente estadounidense en distintas apariciones públicas.
Para el suizo, el organismo perdió autonomía frente al poder político y se transformó en una herramienta al servicio del expansionismo comercial de los Estados Unidos.
Además acusó a Infantino de aliarse no solo con Trump sino también con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, y de usar el poder de la FIFA para fines personales.

Las críticas de Blatter no se quedaron en el plano simbólico. El expresidente llamó abiertamente a los hinchas europeos a "mantenerse alejados" de los partidos que se disputen en territorio estadounidense y sumó su voz a la de dirigentes alemanes que vienen impulsando la idea de un boicot al torneo en señal de protesta por las políticas migratorias de la administración Trump.
"En principio, un Mundial no debería celebrarse en un país que no concede visas a todos", marcó el exdirigente, en referencia a las restricciones que afectan a hinchas de varios países.
El otro frente que Blatter señaló fue el de los precios de las entradas. "¿1.000 dólares por un partido del Mundial? Es indignante. Es absurdo", exclamó al referirse al sistema de precios dinámicos.
La avalancha de cuestionamientos quedó instalada como ruido de fondo de un torneo que, antes de empezar a definirse en el césped, ya disparó la tensión entre el viejo y el nuevo poder dentro del organismo que controla el fútbol mundial.