El 14 de junio de 1985 quedó grabado en la historia económica argentina. Ese día, el entonces ministro de Economía de Raúl Alfonsín, Juan Vital Sourrouille, anunció el Plan Austral, un programa de estabilización que buscaba frenar una inflación que rondaba el 30% mensual y amenazaba con desbordar la economía.
La medida sorprendió por su magnitud. No se trataba solo de un ajuste o de un control de precios: implicaba cambiar la moneda nacional, congelar precios y salarios, controlar la emisión monetaria y aplicar una compleja tabla de desagio para adaptar contratos y deudas a un escenario de menor inflación.

La decisión más recordada fue la creación de una nueva moneda: el austral. A partir de ese momento, cada austral equivalía a 1.000 pesos argentinos. La medida buscaba marcar un quiebre psicológico y económico frente a años de inflación crónica.

Junto con el cambio de moneda, el Gobierno dispuso el congelamiento de precios, salarios, tarifas y tipo de cambio. También anunció un compromiso de disciplina fiscal y límites a la emisión monetaria.
Uno de los instrumentos más novedosos fue el denominado "desagio", una fórmula diseñada para recalcular contratos, préstamos y obligaciones pactadas en un contexto inflacionario y evitar transferencias abruptas entre deudores y acreedores cuando la inflación bajara.
El impacto fue inmediato. La inflación se desaceleró con fuerza y durante los primeros meses el plan fue considerado un éxito. El Gobierno logró recuperar respaldo político y el radicalismo obtuvo una importante victoria en las elecciones legislativas de 1985.
Para muchos economistas, el Plan Austral fue uno de los ejemplos más emblemáticos de los llamados programas de estabilización de "shock", que buscan modificar rápidamente las expectativas de empresas, consumidores e inversores.
Sin embargo, el alivio no fue permanente. Con el paso de los años reaparecieron los desequilibrios fiscales, crecieron las tensiones cambiarias y la inflación volvió a acelerarse. Hacia 1987 el programa comenzó a mostrar signos de agotamiento y terminó siendo reemplazado por otros intentos de estabilización.
El desenlace es conocido: la economía derivó en la crisis hiperinflacionaria de 1989, uno de los episodios más traumáticos de la historia argentina reciente.
A 41 años de su lanzamiento, el Plan Austral sigue siendo una referencia obligada cada vez que Argentina debate cómo combatir la inflación.
Su historia combina un éxito inicial contundente, una innovación monetaria inédita y una advertencia sobre los límites de los programas de estabilización cuando no logran sostenerse en el tiempo.