El 14 de junio de 1982 fue uno de los días más tristes de la historia argentina contemporánea. Ese día concluyó la Guerra de Malvinas con la rendición de las fuerzas argentinas ante el Reino Unido, poniendo fin a un conflicto que había comenzado apenas 74 días antes con el desembarco en las islas.
La noticia impactó de lleno en una sociedad que durante semanas había seguido el desarrollo de la guerra a través de comunicados oficiales que prometían una situación mucho más favorable de la que realmente existía en el frente de combate. Ese día se supo que lo que difundían los medios de comunicación argentinos como información, no era más que propaganda de guerra.
La rendición fue firmada por el gobernador militar de las islas, Mario Benjamín Menéndez, ante el general británico Jeremy Moore. Para entonces, las tropas argentinas se encontraban exhaustas tras semanas de enfrentamientos, bajo condiciones climáticas extremas y con crecientes dificultades logísticas.
La caída de las posiciones defensivas que rodeaban Puerto Argentino terminó por sellar el resultado de la guerra. El conflicto dejó 649 militares argentinos muertos, además de cientos de heridos y miles de excombatientes que regresarían al continente con secuelas físicas y psicológicas que perduran hasta la actualidad.
La derrota tuvo consecuencias inmediatas sobre la dictadura. La recuperación de las islas el 2 de abril había generado un respaldo popular inesperado para el gobierno encabezado por Leopoldo Fortunato Galtieri, que atravesaba un creciente desgaste político y económico.
La apuesta resultó efímera. Con la rendición quedó expuesta la magnitud del fracaso militar y comenzaron las críticas hacia la conducción de la guerra. Un dìa después de la rendición, Galtieri se dirigió al país para comunicar la derrota. Si bien la sensación flotaba en el aire luego de que le papa Juan Pablo II lo anticipara con sutileza en su visita a la Argentina, el momento de toparse con la realidad fue un golpe al orgullo argentino.
Las protestas se multiplicaron a lo largo y a lo ancho del país. La estructura castrense entró en una profunda crisis que se hizo evidente con el retiro de la Armada Argentina y la Fuerza Aérea, que dejaron la Junta Militar en manos del Ejército. El 17 de junio Galtieri renunció a la presidencia y al cabo de unos días de incertidumbre, se conformó una nuevo triunvirato castrense y se nombró al general de división, en situación de retiro efectivo, Reynaldo Bignone en el cargo de presidente de la Nación.
Mientras los acontecimientos se precipitaban en el Atlántico Sur, millones de argentinos seguían el comienzo del Mundial de España. El 13 de junio, menos de un día antes de la rendición, la selección dirigida por César Luis Menotti cayó 1 a 0 frente a Bélgica en el partido inaugural del torneo.
El resultado deportivo quedó rápidamente eclipsado por la noticia que llegaba desde Malvinas. La derrota en el Mundial pasó a un segundo plano frente al desenlace de una guerra que ya había modificado el rumbo político del país. Aunque la dictadura continuó formalmente en el poder hasta diciembre de 1983, el 14 de junio de 1982 marcó un punto de no retorno.