Durante casi nueve meses navegaron por el Atlántico Sur sin que nadie las viera. Recorrieron más de 13 mil kilómetros, atravesaron áreas oceánicas remotas y se alimentaron en regiones de alta productividad biológica. Ahora, tras completar su migración anual, una ballena franca austral llamada Sodium y su cría Cloruro regresaron al Golfo Nuevo, en Chubut, dejando detrás un registro inédito para la ciencia.
El seguimiento fue posible gracias al trabajo del proyecto Siguiendo Ballenas, una iniciativa impulsada por investigadores de distintas instituciones científicas y ambientales que estudian los movimientos de estos gigantes marinos mediante dispositivos satelitales.
Los datos obtenidos permitieron reconstruir por primera vez el recorrido completo realizado por una madre y su cría durante la temporada de investigación 2025-2026. El mapa elaborado por los especialistas mostró desplazamientos a través de la plataforma continental y el talud oceánico, sectores caracterizados por una gran abundancia de alimento.

Durante el viaje, los animales atravesaron áreas que los científicos describen como verdaderos "supermercados marinos", regiones donde se concentran peces, invertebrados, aves y mamíferos marinos gracias a la riqueza de nutrientes presentes en esas aguas.
El registro representa un nuevo avance en el estudio de la especie. Desde 2014, el proyecto logró monitorear los movimientos de 145 ballenas francas australes en el Atlántico Sur y los mares australes. Sin embargo, documentar el ciclo completo de una migración, desde la partida de las aguas de Península Valdés hasta el regreso al mismo sitio, sigue siendo un desafío poco frecuente.

La información obtenida también permite comprender mejor cómo aprenden las crías sus rutas migratorias. Los especialistas explican que durante el primer viaje los ballenatos incorporan conocimientos fundamentales transmitidos por sus madres, entre ellos la ubicación de las zonas de alimentación que necesitarán encontrar en el futuro para sobrevivir.
Por ese motivo, el recorrido de Sodium y Cloruro aporta mucho más que un dato de distancia. Los investigadores consideran que ayuda a identificar áreas marinas esenciales para la conservación de la especie y a diseñar estrategias de protección frente a actividades humanas que pueden afectar estos ecosistemas, como la pesca, el transporte marítimo o la explotación de hidrocarburos.
El monitoreo fue posible gracias a dispositivos especialmente diseñados para minimizar cualquier impacto sobre los animales. Según explicaron los científicos, los equipos son colocados siguiendo estrictos protocolos de bienestar y se desprenden de manera natural después de un tiempo sin provocar daños.
Mientras Sodium y su cría ya completaron el regreso a las aguas patagónicas, otras cuatro ballenas continúan transmitiendo información en tiempo real. Sus movimientos podrían aportar nuevos datos sobre uno de los viajes más extraordinarios que realiza la fauna marina del hemisferio sur.