La Copa Mundial de Fútbol se juega por primera vez con 48 selecciones y en tres países al mismo tiempo: Estados Unidos, México y Canadá. Pero en sus inicios, estuvo muy lejos de ser así.
Jules Rimet, dirigente francés y católico devoto, fue el creador de la Copa del Mundo y el presidente más longevo de la FIFA, con 33 años al frente del organismo entre 1921 y 1954.
Rimet nació el 14 de octubre de 1873 en el pequeño pueblo de Theuley, en el departamento de Haute-Saône, en el este de Francia. Su padre era almacenero y la familia se mudó a París en 1884, cuando él tenía 11 años.
De adulto se recibió de abogado, pero su nombre quedaría grabado en la historia por otro motivo: el de haber inventado el evento deportivo más importante y con más audiencia del mundo.
La idea no la concretó solo: la empujó con paciencia desde el primer día que asumió en la FIFA. Por su iniciativa se realizó el primer Mundial en Uruguay en 1930, un torneo que persuadió a Francia, Rumania, Yugoslavia y Bélgica a participar en una época en la que los viajes intercontinentales eran una verdadera odisea logística para cualquier delegación deportiva europea.

Los orígenes humildes marcaron toda la mirada social que Rimet tendría después sobre el fútbol. Pasó su infancia en Theuley antes del traslado familiar a la capital francesa, donde completó su formación académica.
Se recibió de abogado y combinó esa profesión con una pasión por el deporte que lo llevaría a la dirigencia, aunque él mismo nunca practicó ningún deporte de manera profesional.
Esa contradicción entre el dirigente y el atleta es una de las claves para entender su visión. Para Rimet el fútbol no era solo una práctica deportiva, sino una herramienta de transformación social.
Su mirada estaba teñida por el catolicismo de raíz francesa que él llevaba en el corazón y por las lecturas filosóficas de la época. Y por una encíclica del Papa León XIII publicada en 1891 que cambiaría para siempre su forma de mirar el mundo.
Rimet creció en una familia católica devota y la encíclica Rerum Novarum, que abordaba las duras condiciones laborales y la pobreza de la Revolución Industrial, lo marcó profundamente.
Los principios de la doctrina social católica (dignidad humana, solidaridad y bien común) quedaron como ejes de su misión. Creyó que el fútbol debía ser accesible para todos sin importar la clase social, el origen o el estatus económico, y esa convicción lo llevó a fundar un club que hoy sigue activo.
En 1897, a los 24 años, fundó el Red Star Club Français de París. La idea original era que el fútbol funcionara como motor de emancipación de las clases trabajadoras y como herramienta para mejorar la cohesión social francesa.
Fue presidente del Red Star desde 1904 y de la primera liga nacional francesa desde 1910. Ese año, además, formaba parte del grupo de pioneros que en París venía gestando la idea de una federación internacional capaz de regular el fútbol mundial.

Rimet ayudó a crear la FIFA en 1904 y fue elegido presidente del organismo en 1920 en Amberes, Bélgica, de forma interina. Fue confirmado oficialmente el 1 de marzo de 1921.
Su gestión duró 33 años, hasta el Congreso de Berna de 1954, donde a los 81 años fue nombrado primer presidente honorario de la FIFA. Durante su mandato, la federación pasó de 20 asociaciones nacionales a 85.
Su legado más grande es la Copa del Mundo en sí misma. En 1946, el Congreso de la FIFA en Luxemburgo decidió que el trofeo del campeonato mundial se llamara oficialmente "Copa Jules Rimet" en su honor.
El trofeo había sido esculpido por el francés Abel Lafleur, representaba a Niké, la diosa griega de la victoria, medía 30 centímetros, pesaba casi 4 kilos y estaba bañado en oro.
Rimet murió en Suresnes, Francia, en 1956, apenas dos días después de cumplir 83 años, dejando un torneo que hoy se sigue jugando aunque bajo una lógica muy distinta al de los comienzos.