El oficialismo lleva meses apostando ‘all in’ a la inflación como relato de éxito. Tiene un dato a favor: los precios aflojaron en abril y mayo. Pero ese freno, según el IETSE, no viene de una mejora del ingreso real sino de su hundimiento.
El comercio minorista de alimentos cayó interanual en volumen. La gente compra menos porque no le alcanza, y eso modera los precios. Celebrar esa desaceleración es como festejar que la fiebre bajó solo porque el termómetro se rompió.
Abril había dejado dos números que, leídos juntos, cuentan una sola historia. La desaprobación de Milei llegó al 63% según Latam Pulse, su piso histórico. En ese mismo mes, el 56,8% de los hogares no logró cubrir la canasta alimentaria básica. No hace falta forzar el paralelo; un número mide lo que la gente piensa del gobierno, el otro mide lo que la gente puede poner sobre la mesa.
Los números de consumo tienen una crudeza que ningún glosario oficial puede administrar. El 88% de los hogares recurrió a crédito, fiado o préstamos para comprar alimentos, y ese mecanismo ya cruje hace meses: tarjetas al límite, morosidad en alza histórica, pagos mínimos que se acumulan, incluso las mismas tarjetas recomiendan moderar su uso. Más de la mitad de los encuestados recortó la cantidad de comidas diarias.
Eso explica la geografía de la imagen presidencial mejor que cualquier análisis de tablero electoral o exhumación de discursos. Entre los hogares con ingresos menores a $630.000, la aprobación de Milei cae al 16%. La distancia con los sectores de mayores ingresos —donde roza el 48%— no es una diferencia de sensibilidades políticas. Es una fractura entre quienes viven este gobierno desde lugares materialmente incomparables.
El 58% considera que la situación económica de su familia es mala, y casi la mitad prevé que empeorará en los próximos seis meses. Ese pesimismo prospectivo es el dato más incómodo de cara al año que viene, la desconfianza ya no es sobre lo que pasó, sino sobre lo que viene. Y las elecciones presidenciales no se ganan con las alusiones sobre el pasado.
Hay un detalle que los titulares suelen saltear. La mitad de los encuestados tiene más de un trabajo, y de ese grupo, tres de cada cuatro lo hacen para llegar a fin de mes o recuperar ingresos que el proceso inflacionario devoró. El pluriempleo no es señal de vitalidad económica, es la forma que encontraron millones de personas para correr detrás de un salario que siempre llega tarde. Milei llegó al poder prometiendo terminar con la decadencia argentina.
En su tercer año de gestión, la canasta básica total para una familia tipo supera el millón ochocientos mil pesos y más de la mitad de los hogares no cubre ni la alimentaria. La imagen cae porque la economía familiar cae. Dos termómetros distintos midiendo la misma fiebre que no afloja.