La carne vacuna, uno de los símbolos más arraigados de la identidad argentina, atraviesa un cambio histórico.
Por primera vez en décadas, el consumo de carne bovina cayó a niveles mínimos y quedó prácticamente empatado con el pollo, reflejando cómo la pérdida de poder adquisitivo y los cambios de precios están transformando los hábitos alimentarios de los hogares.
De acuerdo con un informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), el consumo per cápita de carne vacuna se ubicó en 47,5 kilos por habitante al año durante mayo, el registro más bajo de los últimos veinte años.

El dato sintetiza una tendencia que viene consolidándose desde hace varios años, pero que se aceleró en los últimos meses. Entre enero y mayo de 2026, la producción de carne vacuna alcanzó 1,168 millones de toneladas res con hueso, lo que representó una caída del 7,3% respecto del mismo período del año anterior.
La otra cara de esa dinámica se observa puertas adentro.
Según Ciccra, el mercado interno absorbió unas 855.750 toneladas entre enero y mayo, un volumen 11,1% inferior al del año pasado. En términos absolutos, significa que se consumieron alrededor de 106.700 toneladas menos que en el mismo período de 2025.
La consecuencia directa fue una nueva caída del consumo por habitante. En comparación con el promedio de los últimos doce meses, cada argentino consumió en promedio 3,1 kilos menos de carne vacuna.
Detrás de este fenómeno aparece una combinación conocida: salarios que todavía corren detrás de muchos precios y una carne vacuna que se encareció mucho más rápido que otras alternativas.
Según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), los cortes vacunos aumentaron apenas 0,1% en mayo respecto del mes anterior, incluso por debajo de la inflación del 2,1%.
Sin embargo, cuando se observa la evolución de los últimos doce meses, la diferencia es contundente. La carne vacuna acumuló un aumento del 57,9%, frente a una inflación general del 33,2%.
Las otras proteínas registraron incrementos mucho más moderados. El pollo fresco subió 38,9% interanual y el pechito de cerdo 23,6%.
La brecha también aparece en el mostrador:
En otras palabras, con el dinero necesario para comprar un kilo de asado hoy pueden adquirirse casi cuatro kilos de pollo o dos kilos de cerdo.

Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) señala que el pollo logró sostener un consumo cercano a los 47 kilos por habitante al año, prácticamente el mismo nivel que la carne vacuna.
Se trata de un hecho inédito para un país históricamente asociado al asado.
El fenómeno no se limita al pollo. El cerdo también sigue ganando terreno. Durante el último año, el consumo per cápita superó los 19,5 kilos anuales, un récord histórico que consolida una tendencia de crecimiento sostenido.
Para los especialistas, el cambio no implica necesariamente que los argentinos estén consumiendo menos proteínas animales, sino que están modificando su composición.