La política cordobesa atraviesa una tensión difícil de ignorar. Mientras una amplia mayoría de los ciudadanos considera que el ciclo del peronismo provincial muestra señales de agotamiento, los dirigentes con mejor imagen siguen siendo Juan Schiaretti y Martín Llaryora. Así lo reflejan los relevamientos de las consultoras Dialogía, Aresco y Delfos, que coinciden en señalar una demanda de cambio que todavía no encuentra un vehículo político claro.

Según Dialogía, el 68% de los consultados cree que el peronismo cordobés cumplió un ciclo y que es necesario un recambio en la conducción provincial. Además, más de siete de cada diez personas consideran que el oficialismo ya no ofrece ideas nuevas para mejorar la calidad de vida y una amplia mayoría percibe problemas de corrupción en la administración pública.
A pesar de ese escenario, los nombres que encabezan los rankings de valoración pertenecen al propio oficialismo. En la encuesta de Dialogía, Schiaretti alcanza una imagen positiva superior al 50%, mientras que Llaryora se ubica en segundo lugar. Detrás aparecen dirigentes como Daniel Passerini, Gabriel Bornoroni y referentes nacionales de distintos espacios.

La tendencia se repite en el estudio de Aresco. Allí, tanto Schiaretti como Llaryora superan el 54% de imagen positiva y mantienen una ventaja considerable sobre figuras opositoras como Luis Juez, Rodrigo de Loredo y Natalia de la Sota. Incluso en un contexto marcado por cuestionamientos a la gestión provincial, el cordobesismo conserva dirigentes con alta aceptación pública.
Las mediciones también muestran señales de alerta para el gobierno nacional. Aunque Javier Milei mantiene niveles de apoyo importantes en Córdoba, los sondeos registran un crecimiento de la evaluación negativa de la situación económica y una caída en la valoración de la gestión nacional.

Delfos ubica la aprobación de la administración libertaria por debajo de la que obtiene el gobierno provincial. En paralelo, Dialogía detecta que la inseguridad y la situación económica encabezan las preocupaciones de los cordobeses, configurando un escenario más complejo para la Casa Rosada que el observado durante los primeros meses de gestión.
El dato que une a las tres encuestas es que el deseo de cambio todavía no se traduce en una opción electoral consolidada. El desgaste del oficialismo aparece como una posibilidad concreta, pero la oposición no logra construir liderazgos capaces de disputar la centralidad política que conserva el cordobesismo.
De cara a 2027, el desafío parece doble. Para Llaryora y Schiaretti, sostener el respaldo de una fuerza que gobierna la provincia desde hace más de dos décadas. Para la oposición, transformar el malestar social en una propuesta competitiva que pueda convertir la demanda de renovación en una alternativa real de poder.