La continuidad de Manuel Adorni volvió a quedar en el centro de la escena política y abrió una discusión que atraviesa a la conducción de La Libertad Avanza. Mientras el oficialismo despliega un intenso operativo parlamentario para contener a la oposición en el Congreso, en la mesa chica del presidente Javier Milei se multiplican las evaluaciones sobre cómo administrar una crisis que desde hace meses condiciona la agenda del Gobierno.
Aunque desde el entorno del jefe de Gabinete descartan cualquier posibilidad de renuncia y aseguran que seguirá en funciones, las versiones sobre distintas definiciones comenzaron a ganar fuerza en las últimas horas. El motivo es simple: en la Casa Rosada crece la preocupación por el costo político que genera una polémica que no logra salir de la agenda pública y que amenaza con profundizarse en las próximas semanas.
Fuentes del oficialismo reconocen que el caso Adorni se transformó en un factor de desgaste para la gestión. La controversia no solo alimentó la ofensiva opositora en el Congreso, sino que también dificultó la instalación de anuncios y medidas impulsadas por el Ejecutivo.

En ese contexto, todas las miradas apuntan a Karina Milei. La secretaria general de la Presidencia y fuerte figura política del oficialismo del Presidente sigue de cerca la evolución del conflicto y analiza los distintos escenarios posibles.
La discusión no pasa únicamente por la situación personal de Adorni, sino por el impacto que su permanencia o eventual salida podría tener sobre el Gobierno. En el oficialismo admiten que cualquier definición tendrá costos políticos, pero también reconocen que la crisis ya comenzó a afectar el funcionamiento de la administración libertaria.
Por eso, mientras públicamente sostienen al jefe de Gabinete, en distintos sectores de La Libertad Avanza crecen las especulaciones sobre cuál será la decisión final si la presión parlamentaria y mediática continúa escalando.

Mientras Karina Milei analiza los escenarios posibles, el futuro inmediato de Adorni depende en gran medida de lo que ocurra en el Senado. El oficialismo trabaja para evitar que la oposición consiga el quórum necesario para avanzar con una interpelación y abrir el camino hacia una moción de censura, una herramienta que nunca fue utilizada para remover a un jefe de Gabinete desde la reforma constitucional de 1994.
Patricia Bullrich encabeza las negociaciones con aliados y sectores dialoguistas para bloquear la sesión, mientras Diego Santilli mantiene contactos con gobernadores y referentes radicales. En la Casa Rosada saben que una derrota parlamentaria aceleraría todas las discusiones internas sobre la continuidad de Adorni y podría dejar a Karina Milei frente a una decisión que hasta hace pocas semanas parecía impensada.
En paralelo, la Casa Rosada activó una estrategia para contener la avanzada opositora en el Congreso. El esquema involucra a la jefa del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich; al ministro del Interior, Diego Santilli; al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; al armador nacional Eduardo "Lule" Menem; y al secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt.
El objetivo inmediato es evitar que prosperen los pedidos de interpelación y la moción de censura impulsados por la oposición, al menos hasta que Adorni presente su informe de gestión ante el Senado el próximo 2 de julio.
La estrategia oficial apuesta a sumar el respaldo de sectores y legisladores vinculados a gobernadores para impedir que la ofensiva opositora consiga los números necesarios.
El conflicto se profundizó luego de que Adorni reconociera que había omitido informar ingresos vinculados a inversiones en criptomonedas en sus declaraciones juradas. Esa revelación reactivó los cuestionamientos de la oposición y abrió un escenario de incertidumbre política que el Gobierno todavía no logra cerrar.
En la Casa Rosada insisten en que el jefe de Gabinete responderá todas las preguntas en el ámbito parlamentario y niegan que exista una decisión tomada sobre su futuro. Sin embargo, las conversaciones que se desarrollan por estas horas en el círculo más cercano al Presidente reflejan que el debate está abierto.
Con el Congreso preparándose para nuevas embestidas opositoras y la crisis instalada en el centro de la agenda pública, las próximas semanas aparecen como decisivas. La incógnita ya no pasa solamente por la capacidad del oficialismo para defender a Adorni, sino por cuánto tiempo más estará dispuesto a asumir el costo político de hacerlo.
