17/06/2026 - Edición Nº1226

Opinión


El laberinto de Milei

Fenómeno barrial

17/06/2026 | El vínculo con los gigantes del Silicon Valley es una de los aspectos que caracteriza al gobierno libertario que contrasta con la inexplicable decisión de sostener a Manuel Adorni.



Javier Milei acuñó una frase para describir las repercusiones que su figura ha generado en el mundo: “fenómeno barrial”. La misma surgió como una respuesta irónica a quienes lo criticaban sosteniendo que su irrupción en la política porteña, en 2021 tenía un alcance limitado. En una de las primeras ocasiones en las que la utilizó fue para responder un posteo de Elon Musk, el hombre más rico del mundo, dueño de Tesla y la recientemente incorporada a Wall Street, Space X.

El vínculo con los gigantes del Silicon Valley es una de los aspectos que caracteriza al gobierno libertario que contrasta con la inexplicable decisión de sostener al Jefe de Gabinete Manuel Adorni a quien ni la Inteligencia Artificial le respondería que lo más conveniente es continuar hundiendo la imagen del gobierno que por ahora integra.

El Presidente parece convencido de que soltarlo sería dar una señal de debilidad. En su lógica, si cae Adorni, después irán por el resto del dispositivo de poder. Esa lectura explica la resistencia, pero no necesariamente la vuelve comprensible. Porque cada día que el caso permanece abierto, el Gobierno pierde control de la agenda, incomoda a sus aliados y obliga a explicar lo que políticamente ya resulta muy difícil de explicar. Y, además, quedan opacos los que considera logros de su gestión, sobre todo en el ámbito de la económica. Aunque allí se pueda abrir una discusión más profunda.

Un experimento

La paradoja es evidente. Milei intenta proyectarse como un líder de ruptura global, capaz de ubicar a la Argentina como laboratorio de una nueva etapa del capitalismo tecnológico, con inteligencia artificial, desregulación, beneficios fiscales y vínculos directos con el mundo Silicon Valley. La publicación de Le Grand Continent ayuda a entender esa ambición: no se trata solo de administrar un país, sino de convertirlo en un experimento político, económico y cultural de alcance internacional.

Pero mientras esa narrativa busca mirar al futuro, la coyuntura lo devuelve al barro de la política local. El Gobierno habla de IA, sociedades no humanas, incentivos tecnológicos y una Argentina diseñada para atraer capital global, mientras puertas adentro queda prisionero de un caso que instala dudas básicas sobre ética pública, patrimonio, coherencia y autoridad presidencial.

Días atrás, el Presidente firmó un artículo en el periódico Financial Times donde explicó las pretensiones de convertir a Argentina en un territorio fértil y experimental para del despliegue de empresas ligadas a la IA

El texto que firmó el jefe de Estado ha sido minuciosamente estudiado por el medio europeo Le Grand Continent, dirigida por el politólogo Giuliano da Empoli, autor de libros como “El mago del Kremlin” y una de las personas que mejor describió el ascenso de personajes disruptivos en la política mundial, empezando por el movimiento cinco estrellas de Beppe Grillo en Italia. Su obra es “Los ingenieros del caos”.

En esa publicación, Milei describe: “Mi Gobierno presentó la semana pasada al Congreso un proyecto de ley destinado a establecer un marco jurídico específico para la implantación de la IA. Este se basa en tres pilares”. Los mismos son compromiso para no regular la IA para que pueda desarrollarse libremente; la creación de una nueva categoría de entidades en el derecho argentino, las sociedades no humanas, entidades gestionadas por agentes IA o robots y, en tercer lugar, un entorno fiscal competitivo.

La conclusión de la revista dirigida por Da Empoli es muy interesante: La narrativa de la recuperación económica convive con una realidad social más compleja. El país sigue atravesado por fuertes niveles de incertidumbre y, según distintas encuestas, las principales preocupaciones de los argentinos continúan siendo el desempleo, la pérdida del poder adquisitivo y la inseguridad”.

Se hace poco comprensible entender la convivencia de un proyecto ambicioso de país - aunque encierre profundas discusiones - con el amateurismo mostrado a la hora de explicar las acciones políticas locales, no sólo en el caso Adorni, sino en la conformación de un gobierno cuya integridad encuentra perforaciones por todos lados. La agenda local de Milei pone sobre la mesa evidencias que le darían la razón a los críticos de entonces cuando sostenían que el fenómeno barrial estaba explicado en algo que no podría trascender más allá de las fronteras municipales.

Giuliano da Empoli

El barrio, como activo

El sentido contrario del término que utiliza como ironía Milei es tomado como un activo para la dirigencia política del peronismo que busca reconstruirse. El barrio significa sentido de pertenencia, cercanía con el otro y conocimiento del territorio. Todos atributos que poseen los intendentes quienes creen que esta vez se les dará la chance que hasta ahora la historia les negó: gobernar la provincia de Buenos Aires sin necesidad de ocupar primero un cargo nacional para llegar al sillón de Dardo Rocha.

De alguna manera, esa mirada se asemeja al texto de la última encíclica del Papa Leon XIV cuando aborda la irrupción de la inteligencia artificial. El Sumo Pontífice “enfatiza que la mente humana posee una conciencia moral y reside en un horizonte afectivo y espiritual que la IA no puede replicar, porque estas máquinas operan mediante una "adaptación estadística" que desconoce el amor, el perdón y la responsabilidad. En este sentido, la dimensión ética de la encíclica advierte que absolutizar la eficiencia técnica —lo que denomina el «paradigma tecnocrático»— reduce a las personas a meros engranajes, ignorando que la verdadera grandeza humana no nace de la optimización del rendimiento, sino del cuidado del otro y del reconocimiento de la dignidad inviolable de cada rostro”, describe Tomás Borovinsky, investigador del Conicet en la referida publicación de Le Grand Continent.

Quizá sea ese el camino que, involuntariamente o no, encuentre el peronismo para reconstruir una identidad que está difusa. Una manera de volver a las fuentes doctrinarias donde el ser humano ocupa el centro de la escena.

Ese peronismo que tampoco logra ordenar su propia crisis. La tensión entre Axel Kicillof y Cristina Kirchner sigue siendo el nudo principal de una discusión que mezcla varias aristas. En ese vacío reaparece el massismo. Sergio Massa volvió a moverse con una consigna simple: unidad para volver a ser competitivos en 2027. Su apuesta es mostrarse como articulador de un espacio más amplio, capaz de sentar en una misma mesa a sectores que hoy desconfían entre sí. No es casual. Massa sabe que el peronismo dividido difícilmente pueda disputar poder, pero también sabe que una unidad sin conducción ni reglas claras puede terminar siendo apenas una foto para ganar tiempo.

La discusión de fondo en el peronismo no es solo quién conduce, sino para qué. Si la unidad es apenas una reacción contra Milei, puede no alcanzar. Si en cambio logra construir una propuesta de poder, con volumen político, territorialidad y programa, entonces puede convertirse en una alternativa real.

En el fondo, la Argentina política vuelve a girar alrededor de una misma tensión: un Gobierno que se muestra fuerte porque no cede, aunque esa rigidez pueda debilitarlo; y una oposición que podría fortalecerse si lograra hacer algo que todavía no consigue: transformar su interna en una estrategia de poder.

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