El Grupo de los Siete (G7) dio un nuevo paso en su estrategia para reducir la dependencia de China en el suministro de minerales críticos, un conjunto de recursos esenciales para la fabricación de baterías, vehículos eléctricos, paneles solares, semiconductores, armamento y dispositivos electrónicos.
Durante la cumbre celebrada este miércoles, los líderes de las siete economías más desarrolladas acordaron reforzar la coordinación para garantizar el acceso a materiales estratégicos como el litio, el níquel y las tierras raras. El objetivo es que, para 2030, ningún proveedor externo concentre más del 60% del abastecimiento de estos recursos, con la meta final de bajar ese porcentaje al 50% lo antes posible.
La decisión llega en un contexto de creciente preocupación por el dominio chino sobre sectores clave de la cadena productiva mundial. Aunque varios países extraen minerales, China controla gran parte del procesamiento y refinado, especialmente en el caso de las tierras raras y los imanes permanentes, componentes fundamentales para industrias de alta tecnología.

La alarma en Occidente se encendió con fuerza el año pasado, cuando restricciones a las exportaciones chinas de ciertos materiales generaron interrupciones en diferentes industrias y evidenciaron la fragilidad de las cadenas de suministro globales.
Para enfrentar ese escenario, el G7 anunció la creación de una nueva plataforma internacional destinada a coordinar políticas, compartir datos y responder ante posibles crisis de abastecimiento. El organismo trabajará junto a la International Energy Agency para monitorear los mercados y detectar riesgos con anticipación.
Además, los países miembros buscarán armonizar mecanismos de almacenamiento estratégico. Estados Unidos ya puso en marcha este año una reserva de minerales críticos valorada en 12.000 millones de dólares, mientras que la Unión Europea avanza en planes similares.
El desafío es enorme. Analistas estiman que China controla cerca del 90% de la producción mundial de tierras raras procesadas y de los imanes utilizados en sectores industriales avanzados.
Para revertir esa situación, las economías occidentales necesitan construir cadenas de suministro completas, desde la extracción hasta la fabricación de productos finales. Esto implica inversiones multimillonarias en minas, plantas de procesamiento, infraestructura logística y desarrollo tecnológico.
Según los datos presentados en la cumbre, desde comienzos de 2026 ya se anunciaron 195 proyectos relacionados con minerales críticos por un valor cercano a los 74.000 millones de dólares. El bloque también estudiará herramientas como subsidios, compras conjuntas y acuerdos comerciales específicos para impulsar nuevos proyectos y hacer más competitivas las cadenas de suministro alternativas.

Otro de los pilares del plan será aumentar significativamente el reciclaje de minerales estratégicos. El G7 pretende que, para 2030, una parte relevante de su consumo anual provenga de materiales recuperados.
La apuesta refleja una transformación más amplia: los minerales críticos se han convertido en uno de los principales campos de competencia económica y geopolítica del siglo XXI. Así como el petróleo definió buena parte de las relaciones internacionales durante décadas, el control del litio, el níquel y las tierras raras aparece ahora como un factor clave para el liderazgo tecnológico y energético global.